viernes, 19 de enero de 2007

Teresa Carreño: la más grande pianista de su época

¿Quién fue Teresa Carreño?
La referencia que más se conoce es que fue una gran pianista. Sin duda es su faceta más importante, al punto de ser la primera artista venezolana de fama internacional, convirtiéndose así en una de las concertistas más famosas de la segunda mitad del siglo XIX y comienzo del XX.
Además de eso, también fue una notable compositora, una excelente mezzosoprano por breve tiempo, una estricta profesora de piano y gran divulgadora universal de la música clásica.
Hija de Manuel Antonio Carreño y de Clorinda García de Sena y Toro. Nació en la Caracas del siglo XIX, el 22 de diciembre de 1853. Su bisabuelo paterno fue Adrián Alejandro Carreño (1726-1791), fue organista, compositor y maestro de capilla. Su abuelo paterno, José Cayetano Carreño (1774-1836), heredó el talento musical de su padre y junto a José Ángel Lamas (1775-1814), es considerado como uno de los mejores compositores de la Venezuela colonial. 
Teresita, una niña atraída por las sonoridades del piano, comenzó sus estudios de ese instrumento a temprana edad, con su propio padre como primer maestro. A los cinco años tocaba algunas piezas e improvisaba lo “que ella llamaba óperas” para sus muñecas.
Poco tiempo después comenzaron sus metódicas y sistemáticas clases, sustentadas en el Curso Completo de Ejercicios Diarios para Piano…, el cual abarcaba todas las dificultades técnicas y rítmicas con las que un pianista podía encontrarse. Esas clases las alternaba con la lectura diaria de música.
Al poco tiempo, Manuel Antonio contrató al pianista alemán Julio Hohené para que se encargara de la enseñanza de la pequeña. Hohené vivía entonces en Caracas y fue quien la introdujo en el conocimiento de las obras de Félix Mendelssohn (1809-1847) y de Frédéric Chopin (1810-1849). Paralelo a ello, la niña Teresa se acercó a la obra de Carl Czerny (1791-1857), Henri Jérome Bertini (1798-1876), Johann Sebastian Bach (1685-1750) y Segismundo Thalberg (1812-1871).
En Venezuela, antes de conquistar la fama como niña prodigio realizó numerosos conciertos privados para los amigos y conocidos de la familia, en los cuales daba a conocer sus progresos con el piano. En esas reuniones se hacía música, se bailaba y se declamaba poesía. Su repertorio para entonces estaba conformado por arreglos operísticos, melodías populares y sus primeras composiciones. En 1862 los Carreño-García de Sena dejaron el país para trasladarse al extranjero. Su primera estadía fue Estados Unidos, residenciándose en Nueva York.
El 25 de noviembre del mismo año realizó su primer concierto público en el Irving Hall, donde ejecutó, al lado de otros artistas: Rondo brillant de Johann Nepomuk Hummel (1778-1837), Fantasía Moise de Thalberg, Nocturne de Doehler y Jerusalem de Gottschalk. Al final de este concierto, según los cronistas, Teresita le expresó a su madre: “Mamá, seré una artista toda mi vida”. El The New York Times del 28 de noviembre la consideró una artista con una sensibilidad de primera clase, destacando su percepción musical y su delicada destreza en la ejecución.
Cinco conciertos más que ejecutó ese mismo año, entre los cuales se destaca el interpretado en la Academia de Música de Brooklyn, hablan de su rotundo éxito en Nueva York.
Luego se le escuchó en Boston, La Habana, Matanzas, Cárdenas y La Casa Blanca. En esta última fue invitada del Presidente Abraham Lincoln. En los años siguientes, hasta 1866, luego de un breve retiro de los escenarios, continuó con la realización de nuevos conciertos que le reportaron un enorme éxito y fama. Se presentó en Nueva York, Filadelfia, Baltimore, Boston y otras ciudades norteamericanas, con lo cual se abría un camino para su futura carrera en Europa.
La familia Carreño-García de Sena llegó a París el 3 de mayo de 1866. La joven pianista, a los dos días de su arribo a París y gracias a las gestiones de Monsieur Érard, dueño de una sala de conciertos y director de una conocida fábrica de pianos, realizó una audición con los pianistas Delcourt y Wilhelm Krüger (1820-1883) en medio de una temporada musical que culminaba.
Las buenas críticas de esta primera audición motivaron la organización de una nueva que contó con la presencia del pianista y compositor Joseph Quidant (1820-1883) y el cornista Eugène Viver (1817-1900), quien la invitó a participar en su concierto anual en la Sala Érard, evento en el cual Teresa debutó para el público parisiense, el 6 de junio.
El programa de entonces estuvo integrado por la Sonata en Do Menor Sostenido de Beethoven, Fantasía sobre Lucía de Liszt, Fantasía sobre Miserere de El trovador de Gottschalk y Fantasía sobre Norma. Desde esta presentación realizó numerosos conciertos en esta sala, que le permitieron introducirse en el medio musical de la capital francesa. Iniciaba su carrera de concertista internacional.
En la capital francesa tocó ante Pedro Roberto José Quidant, Gioacchino Rossini y Franz Liszt. Este último se ofreció para darle clases si se trasladaba a Roma, lo que no realizó por razones económicas.
Desde París, inició su carrera de concertista que la llevó a visitar inicialmente países de Europa y diversas localidades de los Estados Unidos; y posteriormente Australia, Nueva Zelanda y África del Sur. En la mayoría de los casos, estuvo acompañada de las más famosas orquestas dirigidas por eminentes maestros. Su repertorio incluía conciertos de autores clásicos y románticos, además de sus propias composiciones.
En 1873, se casó con el violinista Emile Sauret y en 1876 con el cantante de ópera Giovanni Tagliapetra, con quien fundó una empresa de conciertos, la Carreño-Donaldi Operatic Gem Company. Del primero tuvo dos hijos, Emilita y un niño que murió a los pocos días de nacido. De Giovanni tuvo a Lulú, Teresita y Giovanni.
A mediados de 1885, volvió a Venezuela durante el primer gobierno del Presidente general Joaquín Crespo. Realizó una importante gira de conciertos por ciudades como La Guaira, Puerto Cabello, Valencia y Maracaibo. Además de Curazao y Trinidad.
Al año siguiente, ya en el “Bienio”, el general Guzmán Blanco le encargó organizar la siguiente temporada de ópera en Caracas, lo cual ella se aprestó a realizar con la mayor diligencia contratando artistas en Estados Unidos e Italia. El clima de crispación política era complejo y los enemigos del gobierno utilizaron la temporada para atacar al “Ilustre americano”.
Adicionalmente, al parecer, parte del elenco que logró contratar no llenó las expectativas del público caraqueño y la sociedad de entonces, además, había adoptado una actitud de rechazo hacia una mujer que, por más talento que tuviera, era divorciada y vuelta a casar, algo considerado para la época como un escándalo; fueron boicoteadas las óperas presentadas y la temporada debió ser suspendida.    La artista quedaba con un conjunto de deudas y una privativa de salir del país a raíz de una demanda judicial.          Guzmán Blanco tuvo que intervenir para que Teresita pudiera viajar nuevamente.     
Luego de pasar por Nueva York, se regresó a Europa y comenzó a desempeñarse como solista de la Orquesta Filarmónica de Berlín. En esta última ciudad fijó su residencia. Su debut en la actual capital alemana lo realizó el 18 de noviembre de 1889, en la Saal der Singakademie, con la interpretación del Concierto en La Menor de Grieg, Variaciones sinfónicas de Robert Schumann (1810-1856) y Polonesa de Weber con arreglos de Liszt. La acompañó la Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por Gustav F. Kogel, en un concierto que según la crítica fue todo un éxito y marcó el inicio definitivo de su carrera como concertista de fama internacional.
En esta época conoce al pianista Eugene D'Albert, discípulo de Liszt y uno de los intérpretes más reconocidos de Beethoven, con quien se casó en 1892, de quien tendría a Eugenia y Hertha. Es reconocida la gran influencia de este músico en el perfeccionamiento interpretativo de la venezolana. Finalmente, en cuanto a su vida sentimental, en 1902, se casaría, por cuarta y última vez, con el comerciante Arturo Tagliapetra, su cuñado de su segunda pareja.
La Primera Guerra Mundial imposibilitó que continuara con su actividad concertistica desde Alemania, por lo que luego de realizar una gira por España, se residenció en Estados Unidos. 
Antes de iniciar este nuevo recorrido salió de gira para Cuba. Ya en el barco rumbo a la isla, comenzó a ver doble, lo que asumió como algo pasajero, sin mucha importancia. Una vez en La Habana, al persistir el malestar se sometió al diagnóstico médico, quien certificó que padecía “una diplopía de origen central, debida a la influencia de una postración nerviosa general”, por lo que le recomendó “reposo absoluto que debe durar hasta que los ojos vuelvan al estado normal”. 
Eso implicaba cancelar sus compromisos artísticos y retornar a Nueva York en procura de un descanso, pero Teresa no escuchó los consejos médicos y el 18 de marzo tocó el primer concierto en la Sala Espadero. El programa estuvo integrado por: Estudios sinfónicos de Schumann, Sonata apassionata, op. 57 de Beethoven; Sueño de amor (Nocturno en La Bemol) y Rapsodia húngara N° 6 de Liszt; Preludio en Re Bemolop. N° 15Nocturno en Sol Mayor, op. 37 N° 2 y Polonesa en La Bemol Mayor, op. 53 de Chopin. 
Al día siguiente, el diario El Mundo de la isla, a propósito del concierto, apuntaba: “El Steinway que tocó Mme. Carreño dejó de ser un piano para convertirse en una orquesta celestial que tocaban ángeles. No hemos oído nunca a pianista alguna que nos impresione al extremo que lo hiciera anoche la glorificada venezolana, que debemos adorar por el goce que nos proporciona”.
De inmediato tuvo que suspender la gira y se trasladó a Nueva York. En esta ciudad le diagnosticaron una parálisis parcial del nervio óptico que amenazaba con extenderse al cerebro, por lo que le prescribieron reposo absoluto y una dieta, pero el 12 de junio de 1917 falleció. El periódico oficial del régimen gomecista, El Nuevo Diario anunció entonces: “Es con profundo dolor como deploramos el fallecimiento de la eminente Teresa Carreño, auténtica gloria de Venezuela”.  
Ya casi a sus sesenta y cuatro años, Teresa se encontraba agotada por toda su agitada vida alrededor del mundo, aunque conservaba mucha voluntad; por eso, poco antes de su deceso, había comenzado a dar clases particulares en el American Institute of Applied y continuaba con su actividad de concertista, como ya vimos, presentándose en Boston, Chicago y Kansas City. Igualmente, ofreció un concierto a Woodrow Wilson (1856-1924), Presidente de los Estados Unidos, en la Casa Blanca.  
La vida para ella parecía continuar con la misma rutina practicada por largos años, la cual no sólo le permitía cumplir con los deberes económicos, sino también mantener una excelente técnica interpretativa, agregar nuevas piezas a su repertorio y seguir siendo la primera concertista de fama internacional. De allí que en 1917, poco antes de morir, se encargó de una cátedra en el Colegio de Música de Chicago y preparaba una gira por Sudamérica, que incluía Brasil, Venezuela y Argentina. Pero todo esto, una mayor carga laboral, más la edad y las complicaciones de salud que le aquejaban, se unieron para restarle días a su vida.
Una vida dedicada al arte. Los hombres músicos de su época nunca le reconocieron plenamente su individualidad, siempre en sus comentarios intentaban disminuir sus facultades, considerando que un artista de su sexo no podía llegar a los extremos que ella había alcanzado. Sin embargo, todos eran unánimes en reconocer su fuerza interpretativa, su energía, las cuales combinadas con su belleza personal, su atractiva personalidad,  la ternura, la poesía y su gracia femenina la convertían en una artista integral, completa. Era el equilibrio perfecto como ser humano, como artista. La pianista más grande de su época.
Por otra parte, la producción musical de Teresa, dedicada esencialmente al piano, está constituida por composiciones en forma de estudios, obras descriptivas, fantasías, aires de danza y varias obras para coro. Entre sus piezas más famosas como compositora se cuentan: Himno a BolívarLa cesta de floresLa primaveraUn baile en sueñosUna revista musical en PragaUn sueño en el marA Teresita y Cuarteto para cuerdas en si bemol.
A pesar de ello, Teresa sigue siendo uno de los personajes olvidados de nuestra historia. Toda la documentación de ella que vino a Venezuela a mediados del siglo XX sigue sin ser estudiada. Desde la compilación hecha por Rosario Marciano no se han editado más sus composiciones. Su biografía, a la luz de los nuevos documentos hallados en varias partes del mundo está esperando su escritura.





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