lunes, 25 de enero de 2016

Después de 23 años de ausencia: Teresa Carreño en Venezuela.

Por Jesús Eloy Gutiérrez
Una paradoja representó la visita de la hija de Manuel Antonio Carreño a Venezuela, ocurrida entre 1885 y 1887, luego de 23 años de ausencia. Teresa Carreño Tagliapietra, como firmaba entonces por su matrimonio con Giovanni Tagliapietra, además de ser recibida como una reina y convertirse en motivo de inspiración poética para varios escritores o aficionados de la época, también fue objeto de feroces “ataques públicos” en la prensa, en la calle y en el escenario. ¡Qué paradoja!

A su arribo al país, a mediados de octubre de 1885, en los últimos días del primer gobierno del general Joaquín Crespo (1841-1898), fue homenajeada de diversas maneras. En La Guaira fue agasajada por los empleados públicos y la juventud. En Caracas, además del acto de recepción con discursos y declamación de poesía, realizado en la estación del ferrocarril de Caño Amarillo, se le otorgó la condecoración “Busto a Bolívar”, la prensa capitalina le obsequió una medalla y un grupo de damas de La Trinidad un collar con un medallón de oro y brillantes.

Pero, tal vez, el obsequio de mayor trascendencia fueron los poemas dedicados en su honor y  publicados en diversos periódicos. Se conocen 13, firmados por distintas personas y titulados así: “Gloria a la patria” (Juan C. Alvarado), “Admiración” (Pimentel Coronel), “Un brindis” (Manuel Fombona Palacios), “A la eminente artista venezolana Teresa Carreño” (Cellis R. Gallegos), “A la Señora Teresa Carreño” (Pablo A. Vilchez), “Ángel y Mujer” (I. Vásquez), “A la célebre artista venezolana Teresa Carreño Tagliapietra” (A. Ramírez), “A la célebre artista Teresa Carreño Tagliapietra” (Sisoes Finoli), “Teresita Carreño” (J.C. Villasmil), “Soneto (J. M. Portillo), “El genio” (A. Bracho), “A la célebre artista señora Teresa Carreño” (María Soledad González de Reguillo) y “Saludo a la artista venezolana Teresita Carreño” (Alirio Días Guerra). ¡Qué mejor manera de homenajear a Teresita que con este caudal poético! Sabiendo que ella era una gran amante de este género. Los títulos de esta lírica nos hablan por si solos de las temáticas que dominó en la misma.

La profusión poética se combinó con los elogios, las entusiastas críticas y los pedidos de nuevos conciertos que se suscitaron luego de su primera presentación en el Teatro Guzmán Blanco (hoy Teatro Municipal de Caracas Alfredo Sadel), doce días después de su llegada. Aunque la música preferida de aquel tiempo era principalmente la de salón, Caracas la escuchó en tres ocasiones más, que sumadas a sus conciertos en el interior del país e islas del Caribe, completan la primera etapa de la visita a Venezuela. Etapa de conciertos exitosos, homenajes, reconocimientos, gloria, aplausos y poesía.
La otra cara de la moneda y segunda etapa de la visita, la conforman su experiencia como empresaria operística en Venezuela. Se caracteriza por el descrédito, una demanda judicial, los ataques públicos y la falta de recursos económicos, entre otros.
Luego de su gira, Teresa se disponía dejar el país, pero el Consejo Federal había elegido nuevamente como Presidente a su primo el general Antonio Guzmán Blanco (1829-1899). Pospuso su regreso a Estados Unidos y formó “parte en el regocijo de toda la república” por el retorno del Ilustre Americano.
En breve tiempo compuso el Himno a Guzmán Blanco, que sería cantado por su esposo, una orquesta y un coro. La crónica periodística de entonces consideró esta obra como: “digna de su autora” y poseedora de “las cualidades inherentes a la actitud de los talentos de la grande artista”.

En ese concierto que ofreció para homenajear al mandatario éste le encargo la organización de una temporada de ópera para el año siguiente. El de marzo de 1887 con Un ballo in maschera se inauguró una ambiciosa temporada de la compañía conformada por los esposos Carreño-Tagliapietra, con integrantes localizados entre Estados Unidos e Italia.
Venezuela vivía entonces un momento de gran tensión política, que no se calmaba siquiera con los programas modernizadores del general. La oposición era fuerte y encontró en las fallas del programa de la compañía de ópera una buena excusa para ridiculizar al gobierno.

En una carta que la propia Teresa Carreño dirige el 29 de marzo de 1887 al Presidente Guzmán Blanco se aprecia el tono que adquirió tal situación: “Yo me he encontrado aquí con una enemistad en varias personas, tan grande como incomprensible, que a pesar del mérito incontestable de la compañía (mérito que el público que ha asistido a las óperas como también los periódicos serios y aficionados han reconocido unánimemente) están trabajando día y noche para hacerse romper la compañía y quedar mal ante el público y los artistas que he traído. Yo no sé a que atribuir esta guerra que se me hace pues no sé en qué manera merezca esto como también los insultos personales que se me hacen por la prensa a cada paso”.

Esto lo manifestaba Teresa a casi un mes de haberse inaugurado la temporada de ópera, cuando la crisis era evidente: escasez de público en el Teatro por la Semana Santa, campaña de descrédito hacia la temporada, pitas en el auditorio (lo que apaciguó Teresa tocando algunas piezas de piano en los intermedios), cartas anónimas dirigidas al barítono Tagliapietra y al director de orquesta, Fernando Rachelle.

La propia Teresa dirigió la orquesta en las óperas La favorita y La sonámbula, convirtiendo en la primera mujer en dirigir una orquesta en el país. Por si fuera poco lo anterior, la soprano ligera Linda Brambille anunció que se encontraba enferma y por lo tanto imposibilitada para cantar. La sumatoria de todos estos inconvenientes dio como resultado la suspensión definitiva de la temporada a finales de abril de 1887.

No culminaba acá el calvario de Teresa en su ciudad natal. No podía irse del país, a pesar de los ofrecimientos de conciertos en Europa y Estados Unidos. Una decisión del Tribunal de Comercio del Distrito Federal (que llevaba el caso del piano Weber que había traído el año anterior se lo impedía, ya que la soprano española Aimery de Histar la había demandado por incumplimiento de pagos de la Compañía de Ópera Italiana-Empresa Teresa Carreño. Esta situación no se resolvió hasta que Teresa Carreño recibió el apoyo de Guzmán Blanco, quien le proporcionó el dinero necesario para su viaje a Nueva York e interpuso sus buenos oficios ante el juez que conocía la causa.

La afamada artista, de esa ciudad estadounidense saldría para Alemania, lugar en el cual perfeccionó su arte y logró su consagración definitiva como artista de fama mundial, siendo conocida desde entonces como La Walkiria del piano.
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