miércoles, 23 de marzo de 2016

La hija del Sol: periplo de Teresa Carreño en Venezuela



Por Jesús Eloy Gutiérrez

Doce días antes habían arribado al Puerto de La Guaira en el vapor “Philadelphia” Giovanni Tagliapietra y Manuel Antonio Carreño, esposo y hermano de la artista. Tenían nada menos que la loable tarea de preparar el terreno para la llegada de la artista a su ciudad natal, luego de más de dos décadas de ausencia. La venida de Teresa estaba prevista para el día 15 de octubre de 1885.

Al parecer los emisarios cumplieron con las tareas encomendadas, entre ellas publicitar la imagen de la caraqueña entre los venezolanos, a sabiendas que es muy poco lo que sus connacionales conocían de su carrera en el exterior y por la trascendencia que tenía tal viaje para Teresa. La imagen que se transmite en la prensa de la artista es una imagen de grandeza, digna de admiración por parte de sus compatriotas.

 
La Opinión Nacional, órgano oficial de guzmancismo, fue uno de los primeros en transcribir algunas notas biográficas de la artista y lo hace en estos términos: “Teresita Carreño es hoy la esposa de Tagliapietra, el bien conocido barítono. Teresita es también cantatriz; ha cantado en la ópera italiana con la Tierjens en Londres y también en Nueva York, donde tuvo un gran éxito en el papel de Zerlina en Don Giovanni”.

Otro diario que se hace eco de materiales alusivos a la artista es El Siglo, que publica un artículo traducido del Chicago Music and Drama, donde el escritor se refiere a Teresa Carreño como la “hija del Sol”. Se lee, entre otras cosas: “Qué clase de pianista es Teresa Carreño, me preguntáis? O contesto: es una de las más grandes artistas de la época. No enteramente madura todavía…Su ejecución es grandiosa; su dedeo el más poderoso que he visto en un mujer. Su pianísimo precioso; su acento firme, su cantabile el de una artista de nacimiento”. Por eso: “sólo puedo decir que prefiero oírla a cualquier otro pianista de los que conozco”.

Por su parte el Diario Aviso, unos días antes del retorno la anunciaba así: “nuestra eminente compatriota, la renombrada artista Teresa Carreño, quien después de una larguísima ausencia, tornará al seno de su amada patria en el vapor Caracas que hará arribo a mediados del mes en curso”.

La propia artista un día después de su llegada publicaba una emotiva carta en la prensa de la capital y entre otras cosas saludaba “a la ilustrada prensa de Caracas, a la Junta de recepción, a los miembros del Club Bolívar y demás personas de quienes he recibido inequívocas muestras de estimación; y muy especialmente del Presidente de la República Benemérito general Joaquín Crespo”.

Pero no sólo de lo ocurrido en Caracas se registraron crónicas periodísticas. Como sabemos, Teresita luego de sus dos primeros conciertos en la capital, ofreció conciertos en La Guaira, Puerto Cabello, Valencia, Ciudad Bolívar, Trinidad y Curazao. El mismo periódico La Opinión Nacional, al referirse a esta gira unos días antes dice: “Auguramos a la célebre Teresa Carreño en la ciudades que en breve visitará, los mismos triunfos que con merecida justicia ha conquistado de los caraqueños”.
En la revista  valenciana La Primera Piedra se lee que se rindió un homenaje de respeto y admiración a la célebre Teresita Carreño. Con ese talante y esa finura que tanto la distinguen, nos recibió la simpática reina del teclado”. Una buena prensa acompañó a la venezolana universal en estos primeros meses en su ciudad natal.

lunes, 25 de enero de 2016

Después de 23 años de ausencia: Teresa Carreño en Venezuela.

Por Jesús Eloy Gutiérrez
Una paradoja representó la visita de la hija de Manuel Antonio Carreño a Venezuela, ocurrida entre 1885 y 1887, luego de 23 años de ausencia. Teresa Carreño Tagliapietra, como firmaba entonces por su matrimonio con Giovanni Tagliapietra, además de ser recibida como una reina y convertirse en motivo de inspiración poética para varios escritores o aficionados de la época, también fue objeto de feroces “ataques públicos” en la prensa, en la calle y en el escenario. ¡Qué paradoja!

A su arribo al país, a mediados de octubre de 1885, en los últimos días del primer gobierno del general Joaquín Crespo (1841-1898), fue homenajeada de diversas maneras. En La Guaira fue agasajada por los empleados públicos y la juventud. En Caracas, además del acto de recepción con discursos y declamación de poesía, realizado en la estación del ferrocarril de Caño Amarillo, se le otorgó la condecoración “Busto a Bolívar”, la prensa capitalina le obsequió una medalla y un grupo de damas de La Trinidad un collar con un medallón de oro y brillantes.

Pero, tal vez, el obsequio de mayor trascendencia fueron los poemas dedicados en su honor y  publicados en diversos periódicos. Se conocen 13, firmados por distintas personas y titulados así: “Gloria a la patria” (Juan C. Alvarado), “Admiración” (Pimentel Coronel), “Un brindis” (Manuel Fombona Palacios), “A la eminente artista venezolana Teresa Carreño” (Cellis R. Gallegos), “A la Señora Teresa Carreño” (Pablo A. Vilchez), “Ángel y Mujer” (I. Vásquez), “A la célebre artista venezolana Teresa Carreño Tagliapietra” (A. Ramírez), “A la célebre artista Teresa Carreño Tagliapietra” (Sisoes Finoli), “Teresita Carreño” (J.C. Villasmil), “Soneto (J. M. Portillo), “El genio” (A. Bracho), “A la célebre artista señora Teresa Carreño” (María Soledad González de Reguillo) y “Saludo a la artista venezolana Teresita Carreño” (Alirio Días Guerra). ¡Qué mejor manera de homenajear a Teresita que con este caudal poético! Sabiendo que ella era una gran amante de este género. Los títulos de esta lírica nos hablan por si solos de las temáticas que dominó en la misma.

La profusión poética se combinó con los elogios, las entusiastas críticas y los pedidos de nuevos conciertos que se suscitaron luego de su primera presentación en el Teatro Guzmán Blanco (hoy Teatro Municipal de Caracas Alfredo Sadel), doce días después de su llegada. Aunque la música preferida de aquel tiempo era principalmente la de salón, Caracas la escuchó en tres ocasiones más, que sumadas a sus conciertos en el interior del país e islas del Caribe, completan la primera etapa de la visita a Venezuela. Etapa de conciertos exitosos, homenajes, reconocimientos, gloria, aplausos y poesía.
La otra cara de la moneda y segunda etapa de la visita, la conforman su experiencia como empresaria operística en Venezuela. Se caracteriza por el descrédito, una demanda judicial, los ataques públicos y la falta de recursos económicos, entre otros.
Luego de su gira, Teresa se disponía dejar el país, pero el Consejo Federal había elegido nuevamente como Presidente a su primo el general Antonio Guzmán Blanco (1829-1899). Pospuso su regreso a Estados Unidos y formó “parte en el regocijo de toda la república” por el retorno del Ilustre Americano.
En breve tiempo compuso el Himno a Guzmán Blanco, que sería cantado por su esposo, una orquesta y un coro. La crónica periodística de entonces consideró esta obra como: “digna de su autora” y poseedora de “las cualidades inherentes a la actitud de los talentos de la grande artista”.

En ese concierto que ofreció para homenajear al mandatario éste le encargo la organización de una temporada de ópera para el año siguiente. El de marzo de 1887 con Un ballo in maschera se inauguró una ambiciosa temporada de la compañía conformada por los esposos Carreño-Tagliapietra, con integrantes localizados entre Estados Unidos e Italia.
Venezuela vivía entonces un momento de gran tensión política, que no se calmaba siquiera con los programas modernizadores del general. La oposición era fuerte y encontró en las fallas del programa de la compañía de ópera una buena excusa para ridiculizar al gobierno.

En una carta que la propia Teresa Carreño dirige el 29 de marzo de 1887 al Presidente Guzmán Blanco se aprecia el tono que adquirió tal situación: “Yo me he encontrado aquí con una enemistad en varias personas, tan grande como incomprensible, que a pesar del mérito incontestable de la compañía (mérito que el público que ha asistido a las óperas como también los periódicos serios y aficionados han reconocido unánimemente) están trabajando día y noche para hacerse romper la compañía y quedar mal ante el público y los artistas que he traído. Yo no sé a que atribuir esta guerra que se me hace pues no sé en qué manera merezca esto como también los insultos personales que se me hacen por la prensa a cada paso”.

Esto lo manifestaba Teresa a casi un mes de haberse inaugurado la temporada de ópera, cuando la crisis era evidente: escasez de público en el Teatro por la Semana Santa, campaña de descrédito hacia la temporada, pitas en el auditorio (lo que apaciguó Teresa tocando algunas piezas de piano en los intermedios), cartas anónimas dirigidas al barítono Tagliapietra y al director de orquesta, Fernando Rachelle.

La propia Teresa dirigió la orquesta en las óperas La favorita y La sonámbula, convirtiendo en la primera mujer en dirigir una orquesta en el país. Por si fuera poco lo anterior, la soprano ligera Linda Brambille anunció que se encontraba enferma y por lo tanto imposibilitada para cantar. La sumatoria de todos estos inconvenientes dio como resultado la suspensión definitiva de la temporada a finales de abril de 1887.

No culminaba acá el calvario de Teresa en su ciudad natal. No podía irse del país, a pesar de los ofrecimientos de conciertos en Europa y Estados Unidos. Una decisión del Tribunal de Comercio del Distrito Federal (que llevaba el caso del piano Weber que había traído el año anterior se lo impedía, ya que la soprano española Aimery de Histar la había demandado por incumplimiento de pagos de la Compañía de Ópera Italiana-Empresa Teresa Carreño. Esta situación no se resolvió hasta que Teresa Carreño recibió el apoyo de Guzmán Blanco, quien le proporcionó el dinero necesario para su viaje a Nueva York e interpuso sus buenos oficios ante el juez que conocía la causa.

La afamada artista, de esa ciudad estadounidense saldría para Alemania, lugar en el cual perfeccionó su arte y logró su consagración definitiva como artista de fama mundial, siendo conocida desde entonces como La Walkiria del piano.

martes, 22 de diciembre de 2015

Carta de Alfred Remy a Arturo Tagliapietra sobre Teresa Carreño



DOCUMENTOS HISTÓRICOS

Bronxville, agosto 30, 1918

Estimado señor Tagliapietra:

Muchas gracias por el material sobre la señora Carreño. Fue de mucha utilidad; especialmente el artículo del Museo Venezolano. Es excelente y el interés general sobre él es tal que me gustaría tener una traducción al inglés, para publicarlo en la revista Schirmer’s Musical Quarterly. Espero que usted no tenga objeciones al respecto.

El artículo sobre Carreño, para el Diccionario, ya está terminado y la señora Remy cree que es bastante bueno. Para completarlo, solo necesito algunos detalles y espero que me los pueda facilitar:

1. ¿La señora Carreño había estudiado canto antes de que cantara en la ópera “Los Hugonotes”, en Edimburgo, el 24 de mayo de 1872, o ella estudió con Rudersdorff más adelante, después de su retorno a los Estados Unidos en diciembre de 1874? ¿Se acuerda usted en qué año estudió y durante cuánto tiempo?

2. ¿Recuerda usted la fecha exacta de su debut estadounidense como cantante, en cuál ciudad y en cuál personaje?

3. ¿Ella cantó en 1889?

4. ¿Hay otros alumnos, además de MacDowell, que se volvieron famosos?

5. ¿Es 1872 el año correcto de su matrimonio con Sauret? ¿Y élla cuándo lo dejó?... ¿Usted se acuerda de cuándo nació la hija de Sauret, para que pudiera viajar a un tour antes de aquel evento?

6. ¿Estaba élla casada con su hermano cuando vino con él en la Compañía de Strakosch en 1874? ¿Puede decirme durante cuántos años duró el matrimonio y cuándo se divorció de él?

Espero que no considere indiscretas estas últimas preguntas. El nuevo artículo es el más largo y fundamentado de cualquier Diccionario o Enciclopedia y, si puedo agregar la información pedida, él estará bastante completo. El único punto faltante es el de la composición del himno venezolano. Pienso que puedo encontrar una copia de él en el Colección Drexel, en la Biblioteca Pública y entonces aclarar esa cuestión.

¿Puedo pedirle que me conteste a la mayor brevedad posible, de tal manera que pueda responderle el lunes? Creo poder terminar el Apéndice entero el domingo. El lunes espero ir a la Biblioteca para obtener algunos datos faltantes y entonces enviaré el Apéndice al impresor martes.

Guardaré el material sobre Madame C. (Carreño) aún por algunos días, hasta que una última palabra del artículo esté completa. Uno jamás puede garantizar si algún asunto no llegará en el último instante.

Con los mejores votos de la señora R, sinceramente,



Alfred Remy

Traducción: Luiz Carlos Neves
Revisión: Isabel Blanco
Original del inglés: Archivo Histórico Teresa Carreño/Centro Documental TTC



lunes, 22 de diciembre de 2014

La aguerrida doña María de Jesús Muñoz de Carreño: esposa, madre y abuela de músicos independentistas de Venezuela



por David Coifman
El 16 de enero de 1813, María de Jesús Muñoz, esposa del maestro de capilla José Cayetano Carreño, y “con su permiso”, envió al Teniente Justicia del pueblo de los Teques (actual Estado Miranda) una “carta requisitoria” para que éste intercediera en su petición de exigir a don José Miguel Villareal que le pagara una deuda de 300 pesos que había debido devolverle “por terceras partes cada bimestre” desde el 25 de mayo de 1812. Como Villareal tenía una hacienda en los Teques, pero no tenía residencia conocida, a María de Jesús Muñoz se le hacía imposible obligarlo legalmente a que cumpliera con dicha deuda. Su mayor temor se debía a que su deudor había vendido dos de los cuatro esclavos que tenía en esta hacienda, y si vendía los otros dos quedaría la tierra abandonada por falta de trabajadores para cultivarla, y Villareal sin bienes para respaldar el pago de la deuda. Por esta razón, María de Jesús Muñoz solicitó al Justicia Mayor de los Teques que intercediera para que se embargaran cuanto antes a los dos esclavos que quedaban en la hacienda de Villareal, con el fin de garantizar que éste tuviera crédito suficiente para responder con estos bienes el día en que finalmente lo pudiera demandar[1]. La incansable dedicación de María de Jesús Muñoz, madre a la fecha de siete hijos y embaraza del octavo, a defender una deuda económica familiar sin duda contraída por su marido con don José Miguel Villareal, hermano de don Rafael Villareal, músico de la Iglesia Catedral de Caracas y padrino de su hijo José Cayetano (n. 8 de julio de 1804) es un representativo ejemplo de que detrás de un renombrado hombre y artista colonial se hallaría a su sombra, como en este caso, una aguerrida mujer.
Pasados exactamente cinco meses sin recibir respuesta, el 16 de junio de 1813,  María de Jesús Muñoz escribió una segunda carta requisitoria al Teniente de Justicia Mayor de los Teques para informarle que efectivamente ya tenía noticias de haberse embargado a los esclavos, en referencia a una esclava llamada Manuela y a su hija María Lina de tan sólo cuatro meses de edad, y que ambas estaban bajo el cuidado del señor Miguel Rey, vecino de la hacienda del señor Villareal. Aprovechó además la ocasión para informarle que su deudor se hallaba a la fecha viviendo en el pueblo de Barbacoas (actual Estado Lara) y que se negaba a ir a Caracas, lo que hacía imposible poder demandarlo. Por lo tanto, María de Jesús Muñoz se veía obligada a enviarle al Teniente de Justicia Mayor el vale donde dicho Villareal había registrado su promesa y obligación de pagarle los 300 pesos, con el fin de que se lo hiciera llegar al Teniente Mayor del partido de Barbacoas para que pudiera “reconvenir” al dicho Villareal al reconocimiento legal de la deuda, y poder informarle también que, de no presentarse en el lapso máximo de ocho días en Caracas, la justicia seguiría su curso quitándole definitivamente a las dos esclavas. Para facilitar este embargo, María de Jesús Muñoz suplicó al Teniente de Justicia de los Teques que le hiciera llegar cuanto antes las mencionadas esclavas embargadas a Caracas.
Al día siguiente, 17 de junio de 1813, María de Jesús Muñoz dio a luz a su octavo hijo, Manuel Antonio del Rosario (eventual padre de Teresa Carreño), y fue bautizado el 26 de junio en la iglesia de San Pablo, siendo su madrina Manuela Suárez de Urbina.
Manuela Suárez de Urbina era la tía de la niña prodigio María de la Concepción Patiño Suárez de Urbina (1785-1807), a quien José Cayetano Carreño dio clases de piano y le escribió la carta de méritos para intentar irse a España a ser camarista de la reina, en 1796. El recuerdo de esta niña prodigio (de hecho, la primera conocida en la historia de Venezuela) debió acompañar algunas de las conversaciones de Manuela Suárez con su ahijado, e influido probablemente también en la decisión que tomaría éste muchos años después de sacar a su hija Teresa Carreño de Venezuela en pos de un mejor futuro artístico, alcanzado así, al menos con su hija, el deseo que no pudo cumplir la hermana de Manuela Suárez con su talentosa hija pianista María de la Concepción Patiño Urbina.

El 10 de agosto de 1813, María de Jesús Muñoz, con permiso de su marido, escribió al Gobernador Político de Caracas para explicarle que había iniciado los trámites durante el “gobierno extinguido” de los realistas para demandar a Miguel Villareal por la deuda de 300 pesos que mantenía con ella, y hasta la fecha sólo había logrado que las dos esclavas de la propiedad de Villareal fueran embargadas, si bien no habían sido todavía traídas a Caracas. Por lo tanto, suplicó al Gobernador Político mandar a hacer cumplir cuanto antes su petición.
Ese mismo día, 10 de agosto de 1813, su hijo mayor José Ciriaco Carreño, quien dos días antes había cumplido los 18 años de edad, decidió renunciar a su labor de organista segundo en la Tribuna de la Iglesia Metropolitana de Caracas bajo la dirección de su padre para marcharse con los patriotas a la guerra. Como consecuencia, su hermano Juan Bautista Carreño, con sólo 11 años de edad, y a petición de su padre, ocupó el cargo vacante de organista segundo, desde el 18 de agosto de 1813. José Ciriaco Carreño murió en la Batalla de Urica, el 5 de diciembre de 1814.
El 16 de agosto de 1813, el Gobierno Político de Caracas le escribió a María de Jesús Muñoz (sin duda de manera más rápida que durante la regencia realista) para informarle de haber mandado una orden al Justicia Mayor de los Teques para que enviara cuanto antes a las dos esclavas embargadas de Miguel Villareal a la capital. En efecto, el 15 de octubre de 1813, María de Jesús Muñoz le escribió al Gobernador Político para informarle que el pasado 12 de agosto su primo hermano y organista de la catedral Francisco Lucio Alva había recibido a las mencionadas esclavas, y ahora le suplicaba que nombrara lo antes posible al defensor del señor Villareal de manera de poder continuar con el proceso de la demanda contra él por la deuda de 300 pesos. Que ella, por su parte, ya contaba con tres importantes testigos que darían fe, bajo juramento público y ante Dios, de haber dado el dicho préstamo de 300 pesos a su deudor, el señor Villareal. Los testigos eran sus primos hermanos el cantante segundo Carlos Alva y el organista Francisco Lucio Alva, y el cantante meritorio Juan José Urbina. Es decir, todos miembros de la Tribuna de la Iglesia Metropolitana de Caracas y por lo tanto músicos al servicio de su marido José Cayetano Carreño. De hecho, si descartamos a José Ángel  Lamas (1775-1814), quien a la fecha ejercía el cargo de bajonista, los testigos que declararían a favor de María de Jesús Muñoz eran los únicos miembros integrantes de la capilla musical catedralicia, entre ellos dos primos hermanos de la demandante, que no tenían el apellido Carreño.
El 19 de noviembre de 1813, los tres testigos declararon al unísono que conocían “de vista, trato y comunicación” a Miguel Villareal; que les constaba de vista y ciencia cierta que el expresado Villareal debía a María de Jesús Muñoz los 300 pesos mencionados; que les constaba la obligación hecha y firmada de su puño y letra en el vale; y que lo que han declarado era público y notorio.
El 15 de diciembre de 1813, el Alguacil Mayor de Caracas, don Jacinto de Ibarra, entregó las esclavas Manuela y su hija María Lina al primo hermano de María de Jesús Muñoz, el cantante Carlos Alva por ser “vecino arraigado y conocido de esta capital”, y quien las había recibido “obligándose a mantenerlas en fiel y seguro depósito a disposición del señor juez de esta causa u otro competente, y a entregarlas cada y cuando se le mande a menos que se fugasen, con cuyo caso presenta no ser responsable a ellas y en ninguno a formales”. El expediente no incluyó información de si María de Jesús Muñoz cobró finalmente los 300 pesos. En todo caso, según parece, se daría por pagada con la obtención legal de las dos esclavas. Sólo resta considerar si las esclavas embargadas, Manuela y su hija María Lina, se hallarían acaso entre las que Marta Milinowski, en su libro Teresa Carreño, registra haber sido libertadas por María de Jesús Muñoz (acaso finalmente después de cuarenta años al servicio de pagar la deuda de 300 pesos de Villareal) como gesto altruista cuando nació su nieta Teresa Carreño, en 1853.

Referencias consultadas:
Inédita: Execución promovida contra D.n José Miguel Villareal por D.a María de Jesús Muñoz legítima muger de D.n Cayetano Carreño por cantidad de pesos, Academia Nacional de la Historia, Sección Civiles 224-1028, año 1813, fols. 1-28.
Publicadas:
ALCIBÍADES, Mirla. Manuel Antonio Carreño. Colección “Biblioteca Biográfica Venezolana” de El Nacional, vol. 12. Caracas: Editorial Arte, 2005.


COIFMAN, David. “Recuerdos americanos de Madame Teresa Carreño”. Revista Musical de Venezuela, XVIII / 43 (2001), pp. 41-65.
COIFMAN, David. “‘Bajo la forma de un ángel’. La visita de Teresa Carreño a España (1866)…y otros nuevos datos biográficos”. www.mundoclásico.com / Publicadoel 22 de diciembre de 2011.
COIFMAN, David. De obispos, reyes, santos y señas en la historia de la capilla musical de Venezuela (1532-1804). Madrid: Sociedad Española de Musicología, 2010.
GUTIÉRREZ, Jesús Eloy. Para conocer a Teresa Carreño. Caracas: Gráficas León, C. A., 2003.


MILANCA GUZMÁN, Mario. ¿Quién fue Teresa Carreño? Caracas: Alfadil, 1990.


MILINOWSKI, Marta. Teresa Carreño. Traducido del inglés del original Teresa Carreño: by the grace of God (1940), por Luisa Elena Monteverde Basalo, con notas de Walter Guido y Mario Milanca. Caracas: Monte Ávila Editores, 1988.


ROJO, Violeta. Teresa Carreño. Colección “Biblioteca Biográfica Venezolana” de El Nacional, vol. 17. Caracas: Editorial Arte, 2005.





[1] Todo el litigio, hasta ahora inédito y desconocido cuya primicia damos a conocer con este texto, puede consultarse en el expediente Execución promovida contra D.n José Miguel Villareal por D.a María de Jesús Muñoz legítima muger de D.n Cayetano Carreño por cantidad de pesos, Academia Nacional de la Historia, Civiles 224-1028, año 1813, fols. 1-28.

miércoles, 16 de julio de 2014

“El piano de Teresa Carreño”

DOCUMENTOS HISTÓRICOS

“El piano de Teresa Carreño”


Por Guillermo José Schael

Cuatro años después de la inauguración del Teatro Municipal de cuya edificación se cumple -un siglo en enero, ofreció su primer recita! en Caracas, Teresa Carreño, hija de Manuel Antonio Carreño,  autor del famoso Manual de Urbanidad y ex-ministro de Hacienda con el gobierno de Pedro Gual, creador además de los no menos célebres 500 ejercicios para piano, 'con los cuales iniciaría a su hija, nacida en 1853, en el aprendizaje de la música. Circunstancias políticas le obligaron a abandonar el país. Cuando regresó con Teresa*,  ésta venía precedida de gran fama, por su impresionante éxito a los diez años. Había actuado como solista en la Orquesta Filarmónica de Boston (1863) así como también en otras importantes salas de concierto de EE.UU y Europa.

Un crítico tan severo como José Antonio Calcaño, no vacila en calificar a tan extraordinaria mujer de "gloriosísima". Antes de su presentación en Caracas, Teresa había sido aplaudida en salas en  Escocia, España, La Riviera y en exigentes escenarios de otros países con tradición musical. Cuando Teresa llega a Caracas ya estaba casada en segundas nupcias con Giovanni Tagliapiettra, a quien había conocido en el mundo de la ópera. Su primer esposo, el violinista Emile Sauret, pidió separación a los dos años, alegando “no poder entenderse”, de modo que cuando ella vino, apunta el profesor Calcaño, Teresa ya era divorciada y vuelta a casar, circunstancia que en aquella época se veía con recelos. 
Teresa fue recibida con inusitada demostración de cariño en la estación de ferrocarril. La crónica refiere que la noche de su estreno en el Municipal, 29 de octubre de 1885, la sala abrió con entradas agotadas. Lo que pocos sabían era el drama interior de la pianista, a causa de su desavenencia con Tagliapietra y las rabietas continuas debía sufrir a causa del mal carácter de éste. Para la presentación eligió el Concierto en Mi Menor de Chopin; las Sextas de Henselt y una danza compuesta por ella misma, Saludo a Caracas, 'El Trémolo" de Gotchald y luego siguió con la Rapsodia N° 6 de Liszt, en cuya ejecución "sus ágiles muñecas llamaron prodigiosamente la atención". También ejecutó por primera vez el Himno a Bolívar, compuesto por ella misma, con letra de Felipe Tejera. Esta obra  ̶̶comenta Calcaño̶  la realizó Teresa para ser estrenada en 1883, centenario del natalicio del Libertador, lo que no pudo realizarse. Las ovaciones que recibió de sus compatriotas aquella noche fueron las más vivas, prolongadas y entusiastas que hasta entonces habían prodigado en Caracas.

Su segundo concierto abrió el programa con el Capricho Brillante de Mendelssohn, La Polonesa de Webber Liszt, el Andante en Fa de Beethoven y el "Estudio en Octava" de Kullak. Teresa escribiría poco después de su clamoroso éxito a su amiga Keat Reed, hermosa carta en la cual expresa sus sentimientos de gratitud hacia los caraqueños por la extraordinaria bienvenida y las ovaciones y elogiosas críticas de la prensa, sin olvidar aludir al honor recibido del Presidente quien le confirió la Orden del Libertador.

Pero ni la nobleza de Gonzalo Picón Febres, quien le dedicara encendidas palabras de admiración y estímulo como virtuosa del piano, ni el hermoso poema que le dedicara Alirio Díaz Guerra, lograron calmar el quebrantado espíritu interior de la artista por las continuas recriminaciones que sin motivo recibía de su esposo Tagliapiettra, al parecer ofuscado y lleno de celos por el triunfo de su bella mujer en los escenarios musicales.
Sin embargo, en medio de aquel sufrimiento, Teresa logra el maravilloso milagro de superarse. Guzmán Blanco, quien había visto con entusiasmo las dotes de una artista ya con renombre mundial, la agasajó y le confió la empresa de contratar en Europa una compañía de ópera para ser presentada en el Municipal.

Una de sus discípulas y admiradora, Marta Milinowski, escribiría un hermoso ensayo biográfico sobre la vida de esta genial venezolana, a quien no vacila en calificar para honra del gentilicio, “como la más grande pianista de todos los tiempos”.

En el acto de recuperación del piano, actuó el Juez 6° de Departamento a solicitud de la señora Adela Calvani, presidenta del Ayuntamiento. Tanto el histórico instrumento musical como otros objetos que pertenecieron a la notable artista, fueron llevados a un salón especial del Palacio Municipal, hasta ser definitivamente reubicados. Se hallaban presentes algunos concejales, así como Domingo Manuel García Pérez, Secretario Fiscal de la Comisión de Cultura y otros funcionarios del Departamento. Por cierto, que entre las personas presentes en el inventario se hallaba la señora Marciano Bruneteau, madre de la insigne pianista, actualmente en Viena, Rosarito Marciano, quien descubrió hace algunos años y en vísperas del cuatricentenario, en una tienda de antigüedades de la capital de Austria, el instrumento musical que fue junto con partituras, trajes, fotos y recuerdos, del patrimonio de la excelsa artista”.



* Acá, el autor del escrito comete un error. Manuel Antonio Carreño (padre) murió en París en 1874, quien vino para la gira de Teresa Carreño en Venezuela fue su hermano, que también se llamaba Manuel Antonio.
Crónica de Caracas, enero-junio de 1980, N° 78, págs.80-84
Foto del piano:  Stefano Svizzetto. 2012.
Otras imágenes: Revista Crónica de Caracas y Colección Fotográfica Centro Documental Teatro Teresa Carreño.

miércoles, 14 de mayo de 2014

"Casi se puede oír el rumor del piano de Teresa Carreño"

Presentación del libro Para conocer a Teresa Carreño (2003)
Por Einar Goyo Ponte*

"En un país donde aún es tardío el reconocimiento pleno a sus héroes civiles, a aquellos ciudadanos de a pie, quienes al uso de las armas prefirieron el cultivo de la ciencia o de las artes para introducir a Venezuela en la modernidad, en el progreso y en la libertad, toda obra que contribuya a la memoria de sus letrados, científicos, pensadores y artistas es indispensable. En las manos tenemos hoy el segundo Cuaderno de Difusión editado por el Centro Documental del Teatro Teresa Carreño, entidad creada por la Fundación del mismo nombre y dirigida por Teresa Alvarenga. Está dedicado a honrar la vida y obra de la pianista y compositora que da nombre al primer teatro de Venezuela, y a uno de los más espectaculares de Latinoamérica: a Teresa Carreño, personaje excepcional, casi novelesco, de avasallante personalidad e incisiva huella en la historia mundial de los intérpretes del piano.

Este trabajo del acucioso investigador Jesús Eloy Gutiérrez viene a contribuir con el definitivo descubrimiento de la insigne artista caraqueña, cercada hasta ahora por el afán de mitificación y la apasionada memoria más novelesca que fáctica. Su biografía documentada y objetiva está aún por venir, pero lo que vamos a leer es un excelente punto de partida, una referencia investigativa y documental inexcusable, sobre la cual no sólo la biografía sino interesantes trabajos de pesquisa musicológica pueden encontrar su asiento, tal es el rigor y el orden que animan este cuaderno, rico en soportes documentales y en sugerencias temáticas.

Fue como a los diecisiete años cuando, en un avatar que aún tiene para mí mucho de misterioso, de rescate fantástico a través del tiempo, casi de invocación fantasmal, que se me dio escuchar una de las escasas grabaciones que existen de Teresa Carreño. La música de la Balada N° 1, de Frederic Chopin ha quedado asociada desde entonces a su nombre. Hoy entiendo desde allí nuestra insigne tradición de mujeres pianistas, con la cual hemos grabado nuestro nombre en el mundo de la música. Mujeres bellas, cercanas a la exuberancia, dueñas además de una fuerza y de una capacidad para la construcción de la melodía, en verdad impresionantes.

Para nosotros esa historia comienza en Teresa Carreño, que en su tiempo daba tal sensación de potencia y dominio que se les antojaba, como testimonia Claudio Arrau, demoledora, incansable, en programas vastos, que ella, ganada del genio o duende que se agitaba dentro suyo, podía llegar a hacer interminables. La “Valkiria del piano”, como se la llamó, identifica al menos dos de sus cualidades artísticas: su impactante fuerza y el señorío en el repertorio alemán. 
 
Parte de ese sonido cultivado por la relación con los grandes nombres de la música del siglo XIX, se nos devuelve junto con la figura, el talante y el celaje de su carácter, a través del laberinto de las páginas y notas de este Cuaderno. Casi se puede oír el rumor del piano de Teresa Carreño".

                                                                      
*Crítico musical. Noviembre de 2003

viernes, 18 de abril de 2014

Alejo Carpentier habla sobre Teresa Carreño y la traducción de la primera biografía de la artista

DOCUMENTOS HISTÓRICOS
“Una traducción que era necesaria”
LETRA Y SOLFA

Por Alejo Carpentier*

"Culminando la tarea de darnos una fiel y pulcra traducción de un volumen de más de cuatrocientas páginas, la señorita Luisa Elena Monteverde  Basalo, acaba de publicar en nuestro idioma, el libro más importante que haya sido consagrado hasta ahora a la vida y carrera de Teresa Carreño: el de Marta Malinowsk, discípula de la gran pianista venezolana, cuyas dos primeras ediciones estaban agotadas.

Ágil dentro del rigor documental, bien escrita, rica en acertadas visiones de los ambientes artísticos de Europa y de América en los días que asistieron a los triunfos de Teresa Carreño, esta biografía se lee con sostenido 'interés, no sólo por la excelencia de la factura y el acierto de los enfoques, sino porque, a través del relato de una existencia extraordinaria, sigue la figura de Teresa Carreño ejerciendo, sobre nosotros, una suerte de fascinación. Situada en lo más viviente de una época magnifica para la Historia de la Música —postrimerías del romanticismo, paso a la época actual, con sus nuevas estéticas—, rodeado de compositores insignes, de intérpretes prodigiosos, Teresa Carreño se mantiene a todo lo largo de su carrera, en una escala digna de los grandes tiempos que le tocara vivir. Pertenecía a la raza egregia de los intérpretes cuyos nombres llegaron hasta nosotros, envueltos en una aureola de leyenda, y cuya autoridad, dominio técnico, portentosas virtudes musicales, se manifiestan todavía, para nuestro asombro, a través de las primeras grabaciones —aún muy defectuosas— realizadas en este siglo... En días de mi infancia, Teresa Carreño visitó La Habana. Todavía recuerdo su noble perfil, su empaque majestuoso, su elegancia de gran estilo, estampados en las fotografías exhibidas para anunciar sus recitales. Los entendidos hablaban de ella con veneración, —como se hablaba entonces de un  Paderewski, de un Sauer, o antes, de un Lechetizkv. La presencia de Teresa  Carreño era un acontecimiento memorable y poco faltaba  para que, a usanza  antigua, se le entregaran las llaves de la ciudad.

Algo que se añade al Interés del libro de Marta Malinowsky su  abundante iconografía, y los documentos que enriquecen el texto. En las  primeras páginas  hallamos una reproducción  del programa del primer concierto ofrecido por Teresa  Carreño a la edad  de 8, años  en el lrving Hall. Conocemos luego los nobles rasgos de sus padres. Vemos a la pianista-prodigio en La Habana, en 1863, en Boston, en Cincinnatti y en Nueva York, al año siguiente en una preciosa fotografía romántica. Y luego la  adolescente, la cantante del papel de Zerlina, en el "Don Juan" de Mozart, la 'concertista gloriosa, acompañada de quienes desempeñaron un papel en vida, hasta los magníficos retratos de ocaso en los que se vislumbra la fuerza de su' personalidad impar.

Bella y necesaria obra acaba de realizar la Srta. Luisa Elena Monteverde Basalo, con su excelente traducción del libro de Marta Mtlinowsky. En este año del centenario, no podía haberse rendido un más útil homenaje a la memoria de la gran artista venezolana”.

El Nacional, Caracas, jueves 5 de Noviembre de 1953

* Escritor, periodista y crítico musical cubano (1905-1980). Vivió en Venezuela entre 1945 y 1959, época que es considerada como la fecunda de su vida.