domingo, 12 de febrero de 2017

Teresa Carreño y Luz Machado: música y poesía



DOCUMENTOS HISTÓRICOS
Por Mario Milanca Guzmán*
La música y la poesía ¿cuándo han estado divorciadas? Jamás. Y cuando Maurice Blanchot dice: “escribir es la participar de la afirmación de la soledad donde amenaza la fascinación”. ¿Acaso no sería legítimo sustituir en esa sentencia “escribir” por “interpretar”? y tendríamos ambos ejercicios artísticos unidos. Así Luz Machado** escribe “en su soledad”, como ayer Teresa Carreño interpretaba “con su soledad” para fascinar a su alocutorio. Pero en forma estricta estas venezolanas ilustres se unen en el mismo ejercicio, en definitiva, la escritura, el signo ¿Teresa Carreño no reescribió, en el piano, los sueños y pesadillas, de compositores fallecidos o de sus contemporáneos?;  decimos que ambas se encuentran en la escritura hecha un código diferente, el musical, pero ambas finalmente, nos han hecho llegar sus sueños, alegrías, pesadillas, a través de sus respectivas obras.

Escribimos lo anterior como homenaje a dos mujeres venezolana que en distintas épocas ha representado, en lo más alto, el nombre de Venezuela en el exterior. Y lo hacemos a propósito de un artículo que Luz Machado publicara en El Nacional 46 (16.261): A4. Diciembre 8, 1988, titulado “Sobre bibliografía nacional”. En esencia, su autora reclama algo, que nosotros compartimos plenamente. Esto es, el uso de materiales en cierto trabajos –léase libros, ensayos, artículos– y la ausencia de referentes.

Comenta Luz Machado, en su artículo antes citado, que ella reacciona con extrañeza antes quienes omiten señalar trabajos y autores que estoy segura –dice– ha sido conocidos. Compartimos esta inquietud muy legítima de la intelectual. Ella me comentaba en un diálogo telefónico que mantuvimos el mismo día en que se publicara su artículo “Sobre bibliografía nacional” –que hasta un título de una de sus obras se lo habían plagiado. Nosotros tenemos un caso muy reciente que comentar –no denunciar, pues ya se lo hicimos ver al plagiario, sin que hasta el  presente hayamos tenido una respuesta–. En efecto, hace varios años comenzamos una lectura de la revista que fundara un venezolano visionario, don José María Herrera Irigoyen, titulada El Cojo Ilustrado. Esa lectura tuvo como objetivo estudiar el “parámetro musical”; resultado de esa lectura han sido: a) “El Cojo Ilustrado 1892-1915: una investigación hemerográfica” Revista Musical de Venezuela, Caracas, enero-abril de 1982, núm. 6, págs. 73-143; b) “Una experiencia hemerográfica. Investigación en publicaciones no especializadas en Venezuela: método y análisis” ponencia al Primer Encuentro Latinoamericano de Compositores, Musicólogos y Críticos” Caracas, 1984; c) “Reynaldo Hahn en El Cojo Ilustrado” cap. III, de la obrada titulada Reynaldo Hahn, caraqueño; d) Música y músicos en El Cojo Ilustrado, ésta última, es la obra definitiva que recoge nuestras investigaciones en la citada revista.

Luego señala que ignora qué exigencias imponen los nuevos dictámenes teóricos sobre bibliografía. Creo que no existen “nuevos métodos”, el método en bibliografía será siempre el mismo, esto es, la honradez, en el momento de indicar nuestras fuentes; honestidad y precisión.

Queremos homenajear a Luz Machado por esa preocupación que ha mostrado por Teresa Carreño, y no escribió al margen de su vocación poética”, pues lo que ella ha escrito sobre la pianista universal es, en esencia, poesía. De Luz Machado conocemos dos trabajos consagrados a la caraqueña: “La máquina de Teresa Carreño”, El Nacional año (N°) Noviembre 24, 1975, y “Teresa Carreño” Revista Nacional de Cultura, Caracas, julio-agosto de 1965, núm. 170, págs. 18-27. Este último es una recensión dictada por las páginas de exaltación que me han inspirado – confiesa su autora – la vida y la obra de esta ilustre venezolana; vida y obra que la poetista conoció a través del libre de la polaca-norteamericana Marta Milinowski, titulado Teresa Carreño. Luz Machado, propone a los jóvenes la lectura del libro de la autora norteamericana.

Del comentario publicado en la Revista Nacional de Cultura, quisiéramos detenernos en lo que pensamos, es lo medular; nos referimos a la apreciación que hace la autora de la vida de Teresa Carreño. Anotamos algunas de esas afirmaciones: “Sólo hay que insistir en su conocimiento”; “Ni debemos permitir que se nos extravíe la huella de la más grande venezolana de todos los tiempos; “Venezuela le debe todavía el gran homenaje”; “Han de recordarse sus pasos y no permitir que se nos extravíe su huella, que ha de estar bien conservada y servir de objeto de estudio a la generaciones presentes y futuras”.

El gran homenaje a que alude a la autora del Canto al Orinoco, fue saldado por la patria el día 9 de diciembre de 1977, cuando por un decreto N° 2.451, del entonces Presidente de la República, Carlos Andrés Pérez, se realizó la inhumación de sus restos –cenizas– en el Panteón Nacional. Ahora, lo que aún permanece como compromiso con nuestra eximia pianista, es lo que anota con tanta lucidez la poetista: las huellas. Sí, ella pide que no se nos extravíe su huella que ha de conservarse y servir de estudio a las generaciones presentes. Pero la pregunte se impone ¿qué se ha hecho al respecto? ¿Se ha desandado el camino, y rastreado ese ejemplo, esa vida? Por nuestra parte podemos decir que desde hace varios años hemos centrado nuestro trabajo en la vida y la obra de Teresa Carreño. Esos trabajos –que se iniciaron con el sólido respaldo de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation– han sido los siguientes: 1) "Dislates en la obra Teresa Carreño, de Marta Milinowski”. Latin American Music Review. University of Texas, vol. 8, numero 2, fall/Winter, 1987; 2) “Claudio Arrau evoca Teresa Carreño ibídem; 3) "Teresa Carreño 1885-1887", Venezuela ’88, n° 9; 4) Teresa Carreño, gira caraqueña y evocación (1885-1887). Caracas, Edic. Cuadernos Lagoven, 1987, 140 págs.; 5) Teresa Carreño, una década (1853-1953)  (obra inédita); 6) María Teresa Carreño. Este libro lleva por subtítulo: “Un desconocido artículo de Cecilio Acosta”, (obra inédita); 7) “Teresa Carreño: cronología y manuscritos”, Revista Musical Chilena, Santiago, junio-diciembre de 1988. Núm. 170 (en prensa); 8) Teresa Carreño, 55 años de pianismo. (Fundación Biblioteca Ayacucho, en prensa). Independientemente de este trabajo, está la difusión de la vida y la obra de la artista, a través de conferencias que hemos dado, tanto en el país como en el exterior.

Así creemos, estamos cumpliendo el pedido que hace la ilustre poetista en su trabajo publicado en la Revista Nacional de Cultura; o, al menos, nos acercamos al espíritu de ese pedido: rastrear las huellas, pide la autora. Nosotros lo hemos hecho en cuatro libros y otros tantos ensayos; lo hemos logrado recurriendo a fuentes primarias, es decir, archivos; y gracias a esa indagación tenemos en nuestro poder materiales absolutamente inéditos, que servirán para reconstruir esas huellas de la artista V. gr., hemos dado con el documento que oficializa la vida civil de Teresa Carreño: su partida de bautismo. Luego 134 años de haber permanecido en la oscuridad de los libros, en la humedad que silencia, entre los hongos que matan, sacamos a la luz ese precioso documento, que adquiere todo su valor como tal, al ser inscrito dentro de otro, y así hoy podemos entregar una secuencia precisa de sus huellas infantiles, de sus padres y hermanos.
 * Mario Milanca Guzmán (1948-1999) Investigador chileno residenciado en Venezuela que hizo un importante aporte en el rescate de la documentación de Teresa Carreño en los archivos caraqueños. Fue Licenciado en Letras y docente universitario. El artículo que recatamos hoy fue publicado en el diario El Nacional, el 23 de enero de 1989. Tiene su valor histórico porque además de referirse a Teresa Carreño, hace un inventario de sus obras dedicadas a la artista.
** Poeta, ensayísta y diplomática venezolana, nacida en Ciudad Bolívar en 1916. Murió en Caracas en 1999. Fue confundadora de la revista "Contrapunto".
Fotografías: Teresa Carreño (Centro Documental TTC);  

martes, 17 de enero de 2017

“Teresa Carreño: anécdotas y pasajes



DOCUMENTOS HISTÓRICOS
Por Arturo González Ubán*


El 23 de diciembre de 1853 nace en Caracas la figura más trascendental de la historia musical venezolana, Teresa Carreño con su virtuosismo rompió los esquemas y fronteras de su época, el mundo fue su escenario, conoció y fue admirada por los grandes y hoy el recuerdo de su grandeza y de sus composiciones nos es más cercano. Arturo González es el curador y celoso guardián que preserva la sala de exposiciones permanentes del TTC, sus fotos, pinturas, condecoraciones, diarios, carteles… Su entrega es tan intensa que algunos dicen en broma que es el marido de Teresa.

Teresa demostró sus dones musicales desde muy temprana edad. Su padre, que era pedagogo, se convirtió en su primer maestro de piano, y a los cinco años le entrenaba en la técnica pianística con una serie de ejercicios. Vivió hasta los ocho años en Venezuela. En agosto de 1862 partió en el barco Joseph Maxwell desde Puerto Cabello hacia Filadelfia en compañía de sus padres, Manuel Antonio su hermano, su abuela Gertrudis, el tío Juan de la Cruz Carreño y cinco fieles criados. La familia se residenció en Nueva York, en un apartamento de la Segunda Avenida.
Les voy a contar unas anécdotas y pasajes de la vida de Teresa. Hizo su debut en el Irving Hall de Nueva York el día 25 de noviembre de 1862. Cuando los padres y la niña se dirigían en coche al Hall, las calles adyacentes estaban abarrotadas de gente que quería ver a la niña prodigio que tuvieron que bajarse varias cuadras antes y caminar entre la multitud que la vitoreaba y aplaudía.
La crítica del New York Times de fecha 28 de noviembre de ese mismo año, entre otras cosas dijo: “su rango se lo merece, no como una niña prodigio, quien a la edad de ocho años ha vencido casi todas las dificultades técnicas del piano, sino como una artista de sensibilidad de primera clase”.
Cuando contaba apenas nueve años, fue invitada a tocar en la Casa Blanca para el Presidente Lincoln y su esposa; fue recibida con gran formalidad y cordialidad, pero cuando le pidieron que tocara el piano, asumió una actitud crítica hacia todo, la silla era incómoda, los pedales apenas se podían alcanzar y la acción de ejecutar una pieza en aquel piano (un Gran Schomacker) se hacía muy difícil, fue entonces cuando su padre le sugirió que tocara algo de Bach para que familiarizara con el piano. Esto le molestó mucho a la niña, e hizo que se revelara tocando una pieza muy fuerte de Gottchalk que al padre no le gustó para nada, pero al Presidente y a su esposa los emocionó mucho. Luego la Sra. Lincoln le pidió que tocara The Mocking Bird (El pájaro Sinsonte), a lo que Teresa respondió con mucho sentimiento. Desde esa corta edad ya se apreciaba el temperamento fuerte que la caracterizó durante toda su vida. Manuel Antonio, su padre, salió disculpándose hasta el final del salón.
A los doce años de edad, la Sra. Erard invitó a Liszt para que escuchara a la pequeña y aceptó encantado. Para el momento del encuentro estaban reunidos tres grandes músicos: Saint Säens, Plante (gran pianista francés, a quien Teresa dedicó años después una pieza de su propia inspiración). Para que la jovencita se sintiera cómoda entre ellos, Liszt le dio un golpecito en los hombros y le dijo que el tocaría primero y luego lo haría ella. Liszt tocó un andante de una de las sonatas de Beethoven, luego la condujo al piano y se colocó en el lado opuesto de la medida que continuaba, la atención de Liszt se acrecentaba al punto que se levantó de la silla y se le colocó a su lado, diciéndole: “pequeña, Dios te ha dado el mayor don que se le puede dar a un ser humano; el genio, trabaja, desarrolla ese don y sobre todo mantente como tú misma y algún día serás una de nosotros”.
A los catorce años de edad, fue invitada a tocar en el Palacio de Marlbouroug en Londres, para la entonces princesa de Gales, quien después fuera la Reina Alexandra. Para esta gran ocasión creyeron conveniente que la joven pianista usara traje de cola. La joven Teresa no estaba acostumbrada a esa clase de trajes, pero de todas maneras se sintió muy orgullosa de usarlo y ser recibida por la Princesa Real. Luego de atravesar el salón, para sentarse tuvo que hacer un movimiento a la cola y no se percató de que había tumbado la silla: la pobre Teresa cayó sentada en el piso causando gran alarma a la amable Princesa, que pensó que se había lastimado. Este incidente causó mucha impresión en ella, desde que entonces, cuando usaba trajes con largas colas en los escenarios, recordaba con una mezcla de orgullo, felicidad y tristeza que tenía que ser cuidadosa al sentarse en el piano.
En 1879, en un concierto de música de cámara, a última hora el cellista tuvo que ser sustituido. Dijo un crítico que éste tuvo que agradecerle a las estrellas que Teresa fuera capaz de interpretar su propia parte en el piano y tener que hacerlo también por el cellista.
Debido al éxito obtenido en Berlín, Teresa Carreño fue invitada a tocar en los mejores teatros de Europa Occidental y también en Rusia. A mediados de enero de 1891 llega a San Petersburgo para realizar su primera gira en ese país. Al llegar se encuentra con Anton Rubinstein, a quien no veía desde hacia veinte años, reanudando una gran amistad que los unió desde entonces. Un hecho curioso fue que en unos de sus conciertos se encontraba el joven Rachmaninov, de apenas 18 años de edad y que al escucharla dijo: “nunca en mi vida olvidaré a Teresa toando el Concierto de Grieg y la Rapsodia Húngara N° 6 de Liszt”.
En su repertorio destacaba la música romántica, en la que ponía mucho énfasis, la música contemporánea, la clásica y preclásica, y sentía una gran afición por la música moderna francesa. En una oportunidad se le preguntó por qué no tocaba este tipo de música, a lo que respondió: “no vale la pena, si Ud. necesita técnica, hay otras formas de practicar escalas… pero hay un punto a favor de este tipo de música, si Ud. Comete un error nadie lo va a notar”.
Estando en la ciudad de Rotoura, Nueva Zelandia, y cuando terminaba de arreglarse para un concierto se fue la luz eléctrica… ella no se amilanaba por nada, encendió una vela y se fue caminando hacia el teatro, cuando llegó allí, se encontró que los acomodadores también estaban utilizando velas para llevar a los asistentes a sus puestos y cuando llegó el momento de comenzar el concierto, esas velas fueron colocadas al borde de escenario, lo que hacía visible la cara y las manos de Teresa. La primera parte se llevó a efecto de la forma más impresionante. Al volver la luz en la segunda parte, los asistentes protestaron.

Una noche del año 1900 al llegar la pianista a la estación El Paso (Texas), procedente de Los Ángeles, (California), ella y su esposo le entregaron las maletas a quien creyeron sería el portero del hotel. Entre el equipaje se encontraba el maletín donde llevaba todos sus documentos, dinero, pasaportes, contratos, etc., y sin los cuales no hubiera podido continuar su gira. Al llegar al hotel se dieron cuenta de que faltaba el maletín. Llamaron para reclamar la pérdida. Este les contestó que iría a la estación de tren a buscarlo, y a los pocos minutos regresó sin haberlo encontrado. Ella decidió ir con él a buscarlo y acudieron a la estación de policía. Aquí comienza la parte cómica de este incidente. Cuando el empresario abrió la puerta, allí se encontraban cuatro fornidos policías jugando cartas y cada uno de ellos cargaba dos enormes pistolas en el cinturón. Al entrar, los cuatro saltaron de sus asientos agarrando las pistolas una en cada mano, a lo que ella les dijo: “un momento señores, no dispares todavía”. La artista dijo que nunca olvidaría la expresión de sus caras. El jefe de los cuatro se acercó y ella le explicó su situación y su importancia, a lo que él le dijo que recobraría su maletín antes del amanecer, y que si tenía que despertar a todo el mundo en la ciudad, lo haría. Fue a varios hoteles de la ciudad y en uno de ellos estaba el maletín esperando que alguien lo reclamara.
Teresa contó a una de sus alumnas acerca de una historia que nunca olvidaría: Una mañana en Berlín ella estaba ensayando el concierto de Grieg con la Orquesta Filarmónica de Berlín, bajo la dirección de von Bülow, y cuando terminó de tocar, un hombre se paró adelante y puso sus manos sobre las suyas y le dijo que estaba muy feliz de oírla tocar. Teresa, que estaba apurada esa mañana, estrechó las manos del extraño sin prestarle importancia, y le dio las gracias muy ligeramente antes de marcharse. Pero el “hombrecito” le sostuvo las manos y le dijo: “me gustó mucho la forma como usted tocó señora, y también el cambio que hizo en ciertas notas, en la última parte, en octavas. Es mejor así”. Teresa sonrió otra vez y le contestó: “gracias”. Luego el “hombrecito” le dijo tranquilamente: “yo soy Edward Grieg”. Muchas visitas placenteras siguieron a ese feliz encuentro. Después de un tiempo él tuvo la oportunidad de dirigirla en este mismo concierto.
En Australia, en junio de 1907, le hicieron una entrevista y le preguntaron: “-¿Alguna composición original?” Y contestó: “Revue in Prague” (Desfile en Praga), un Capricho a la Polaca, la cual ha sido adoptada por las bandas militares francesas y ha sido tocada en Coblenz, y también en América del Norte.
En enero de 1914, tocando en Canadá y antes de finalizar un concierto de Schumann, tuvo que parar de repente en forma abrupta debido a que unos de los pedales se rompió. Ella levantó sus manos como signo de angustia y dijo: “yo no puedo continuar, el pedal está roto” y se fue del escenario. Regresó al cabo de unos pocos minutos y le comunicó a la audiencia: “damas y caballeros, el pedal se rompió, no puedo continuar. El manager me ha prometido arreglarlo o colocar otro piano para proseguir”. Ella fue recompensada por este gesto, con un fuerte aplauso.
En marzo de 1914 en la ciudad de Kansas, y al hacer su entrada al escenario del Teatro Schubert, donde daría un concierto con la Orquesta Sinfónica de esa ciudad, los músicos saltaron de sus asientos y empezaron a tocarle una “fanfarria”, saludo que se hace a personas de cierta distinción y también a personalidades de la nobleza. La escena impresionante, cuando los músicos empezaron a sonar sus instrumentos metálicos apagando aplausos de la audiencia que llenaba el teatro, quienes también habían saltado de sus asientos, Teresa estaba visiblemente conmovida con la recepción, una atractiva mujer de cabellos grises con cincuenta años de triunfos pianísticos. Ella se volteó y saludó a la audiencia y también se dirigió a estrecharle la mano al director de orquesta, mientras que los instrumentos musicales seguían sonando.
Cuando llega a La Habana y empieza a sufrir de “Diplópia” en marzo de 1917, llamaron al Dr. Desvernine, éste la vio y cuando llego a la casa le comentó a su madre que había examinado a la gran pianista, a lo que la madre le contó que él no se acordaba, pero que cuando ella visitó La Habana, siendo una niña de ocho años, él fue escogido como paje para entregarle una corona de laureles de oro, y él fue requerido debido a que su padre fue unagran músico para aquella época.
Teresa y su esposo regresan a Nueva York, y ésta muere el día martes 12 de junio de 1917, a las siete de la noche. El servicio fúnebre fue uno de los más impresionantes jamás asistido. La simplicidad y belleza con que fue llevado a cabo el servicio, fue acorde con lo que fue la vida de esta insigne artista. El funeral fue privado en algún sentido, asistieron amigos, artistas y discípulos que llenaron el apartamento donde justamente meses antes había encontrado para pasar ratos felices.
La ceremonia fue leía por el Dr. Louis K. Anspacher, decano de la Universidad de Columbia, que dirigió el rito episcopal con una magnifica elegía por la gran artista y mujer. La señora Emily Bauer tocó “mi Dios acercate a él” y la Sra. Delfina Marsh cantó “Dios secará las lágrimas de sus ojos” y “Oh! Descansa en Dios” de Felix Mendelsshon. El ataúd fue llevado en andas por Ignacio J. Padereswky, Misha Elman, Albert Spalding, Carlos Steinway y otras grandes personalidades del mundo musical.
Veintiún años después de su muerte sus cenizas fueron traídas a Venezuela en un ánfora de bronce esculpida por el artista venezolano Nicolás Veloz, con una inscripción en latín y la efigie de Teresa, en una ceremonia que se celebró el día 15 de febrero de 1938, en el Cementerio General del sur. En honor a esa repatriación, el gobierno de esa época emitió una estampilla de correos conmemorativa con la efigie de Teresa Carreño, y esto constituyó un hecho significativo, ya que fue la primera mujer ligada al mundo musical, en aparecer en un sello de correos.
En un momento de recogimiento consigo misma, Teresa dijo: he amado tanto a Venezuela, la he amado a veces por sus desgracias, otras por la generosidad de su madre naturaleza y siempre siendo una madre irreemplazable. En su seno quiero dormir el sueño de la tierra. Es allí donde quiero que reposen mis cenizas.

El día 9 de diciembre de 1977, ante la presencia del Presidente de la República, y las más altas personalidades del país, familiares y amigos de la pianista, fueron trasladadas las cenizas de Teresa desde el Cementerio General del Sur al Panteón Nacional e inhumadas muy cerca de donde reposan los restos de nuestra heroína Luisa Cáceres de Arismendi. La ceremonia empezó a las nueve de la mañana con la presencia de varios coros de todo el país, así como también algunas orquestas. Se interpretó entre otras piezas, el Himno a Bolívar de Teresa Carreño a cargo de la Orquesta Nacional Juvenil, y el coro de Cámara de Caracas de la Universidad Central de Venezuela. El Panteón Nacional estaba lleno y todos los presentes lo escucharon de pie, en sincero homenaje a la ilustre pianista venezolana, quien ahora reposa al lado de nuestros héroes. 
Revista Entreacto, agosto-septiembre 1993. Caracas.
* Arturo González Ubán (1916-2010), conocido como El chamo fue el curador de la Sala Permanente Teresa Carreño desde su inauguración en 1988 hasta el año 2009.
Imágenes: Centro Documental Teatro Teresa Carreño.

lunes, 14 de noviembre de 2016

In Memoriam a Teresa Carreño llega a la Sala Ribas

NOTA

Porque fue conocida como la niña genio y avalada por los grandes de la música


Teresa Carreño rompió esquemas, recorrió el mundo a través del piano y  hoy reposa tanto en el Panteón Nacional como en  el recuerdo de quienes han valorado su legado

     La Fundación Teatro Teresa Carreño a través del Centro Documental y en coproducción con Hageo Teatro, Épica Producciones y ToClick  abre las puertas de la sala José Félix Ribas para presentar el espectáculo In Memoriam, y rendir así homenaje a la excelsa y virtuosa pianista Teresa Carreño, la artista venezolana más universal, quien conmemorará los 163 años de su natalicio y, próximamente,   el centenario de su muerte (2017).

    En dos únicas funciones pautadas para el miércoles 30 de noviembre y el jueves 1 de diciembre a las 6:30 pm, el público podrá disfrutar de un evento multidiverso basado en la obra “Teresa Carreño, la pasión” escrito e interpretado por la actriz Mariana Inés Gil quien,  desde hace dos años, ha llevado a la escena un trabajo de gran compromiso  para dar a conocer  la vida de  la Walquiria del piano. 
    En esta oportunidad, In memoriam contará con la participación especial  de la experimentada pianista Gioconda Vásquez, el laureado tenor Luis Javier Jiménez, la apasionada bailarina Claudia Olaiz (integrante del Ballet del Teatro) y el Coro de Ópera del Teatro Teresa Carreño, bajo la estética y minuciosa dirección artística de la avezada Gabriela Montilla y la impecable dirección técnica de Luis Urdaneta.

     Los boletos tienen un costo de 1000 Bs y están a la venta desde ya en las taquillas del teatro o a través de la página web www.teatroteresacarreno.gob.ve
     
Sin duda, un evento imperdible que abre la programación centenaria y en el cual el público vibrará por medio de la palabra, el piano, la danza y el canto y, donde  entre blancas y negras, color y claroscuro,  reflexionará sobre la vida misma…



¡No se la pierdan!

domingo, 16 de octubre de 2016

La música, mujer indomable

     LITERATURA*
Por Dayana Rada**
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Hablar de Teresa Carreño es sumamente interesante. El solo mencionar su nombre evoca multiplicidad de temas. Uno de ellos, es que el género femenino cobra relevancia, es decir, la música es mujer y la Carreño también. Las mujeres estamos históricamente ligadas al amor, a la delicadeza, a lo sublime. No debería extrañar que una mujer sea tan digna representante en el arte de la música. 

Si la música es universal es lógico pensar que la Carreño también lo sea, desde niña mostró un amor incondicional por el piano, ese amor lo  imagino con la inocencia que caracteriza la niñez, con ese brillo en los ojos y la alegría en el corazón, cada vez que se sentaba a tocar algunos de los ejercicios que su padre le asignaba como tarea y que para ella significaban la felicidad porque lo hacía con gusto.
El piano pasó a ser su mejor amigo, testigo presencial de toda su vida  objeto de su creación, el que mejor la entendía, sin él Teresa Carreño no sería recordada como la Valquiria del piano, no hubiese podido escribir tantas composiciones, como por ejemplo: La cesta de flores, La primavera, La falsa nota o el Vals Teresita por mencionar algunas de sus obras de arte en el ámbito musical, todas escritas sobre él y para él.
Que haya sido la mujer músico más respetada y admirada de su época, habla del carácter fuerte, la determinación y valentía de la Carreño, le abrió paso a otras pianistas para que transitaran el camino de la música con indiscutible éxito.
 
La Carreño no necesitó nacer en otra época para hacer todo lo que se propuso, no necesitó ser hombre para escribir sus composiciones y vivir de su arte, tampoco escudarse en la fragilidad femenina para conseguir apoyo, para seguir adelante. Solo necesitó de su espíritu inquebrantable, de la música y de su piano.
La mujer es un instrumento para el amor, el piano instrumento para crear, la Carreño instrumento terrenal para crear amor por la música, porque vivió para y por la creación musical, porque la pasión con que componía, con la que hacía sus conciertos, con la que cantaba no era más que la expresión de lo que llevaba por dentro.
Es indiscutible el amor de un músico por su instrumento, el caso de Teresa no es la excepción, lo cuidaba, estaba pendiente de su afinación, de su limpieza, en fin de que siempre estuviera en perfectas condiciones.

El piano su leal e inseparable compañero, su amor fiel y constante, con el que pasó las horas más tristes y alegres, con el que compartió triunfos y fracasos, cuando se sentaba en él a componer se centraba en las notas musicales, en plasmar en una partitura lo que su mente y espíritu querían decir a través de acordes, lo que su alma necesitaba contar, lo que los demás apreciaban escuchar y lo que el mundo hoy reconoce como grandes obras musicales.         
Claro todo eso tenía que ser compartido, transmitido a otras generaciones y para ello se dedica a dar clases a los niños y jóvenes que querían aprender a tocar piano, cada clase con la gran Teresa valía la pena, no solo en costo material sino en el aprendizaje que significaba, prueba de ello es la generación de músicos que ayudó a formar y que obtuvieron reconocimiento como grandes pianistas.

El talento admirado por todos en el mundo es hoy un legado para las nuevas generaciones en su natal Venezuela, lástima fuera del contexto musical, no sea más reconocida y apreciada como el icono femenino más importante de nuestro país, aunque el teatro más importante tiene su nombre, pienso que su vida y obra musical debería ser estudiada como la de cualquier prócer de la independencia, o Presidente de la República, entre las obras dedicadas a nuestro país destacan: Himno a Bolívar, Saludo a Caracas, el Himno al Ilustre Americano y Danza Venezolana.

Teresa recorrió el mundo con su nacionalidad, sin olvidar sus raíces, con la convicción de que hacía lo correcto y que cualquier sacrificio valía la pena para llegar a donde en efecto llegó, esto debe ser tomado como ejemplo de coraje y amor a un talento que no se podía y no dejó que se desperdiciara.

En el Teatro Teresa Carreño se percibe el amor por el quehacer cultural, se siente el esfuerzo por dar a conocer la vida y obra de la Carreño, en donde se aprende a valorar lo que una mujer de su época tuvo que batallar para salir airosa en un mundo controlado por hombres, los cuales también aplaudieron su talento y se hicieron participe de su éxito.

Lo que es sublime en la música, puede ser igual de sublime en una mujer, y lo que puede llegar a ser indomable en una mujer, también lo puede ser en la música, un símbolo físico y tangible de ello es el Complejo Cultural Teatro Teresa Carreño. Indomable cuando se admira y sublime cuando se siente.

*Trabajo presentado en el Taller de Escritura Creativa: Teresa Carreño: música, literatura y cine, dictado por Luis Carlos Neves, realizado entre abril y junio de 2016 en el Centro Documental del Teatro Teresa Carreño.             
**Nació en Caracas (Venezuela). Egresada del Colegio Universitario de Caracas (1997) con el título TSU en Administración. Actualmente se desempeña como Asistente Administrativo en el Área de Educación de la Universidad Nacional Abierta. Igualmente, forma parte del Taller de expresión literaria, mención: Literatura infantil, dictado por Luiz Carlos Neves. Realizó el Taller de Escritura Creativa: Teresa Carreño: música, literatura y cine (2016).