domingo, 12 de marzo de 2017

Tertulia con Mariana Inés Gil



Por Jesús Alcívar*
ENTREVISTA

Hola querida Mariana, ¿Cómo estás?
Muy bien Jesús, gracias a Dios. ¿Y tú?

Bien, bien. Comencemos con nuestra tertulia.
Claro!

¿Qué es la actuación para ti?

La vida. La actuación es para mí la vida porque nunca he pensado en el sentido estricto  que algo "se actúa" o se representa, sino que se presenta,  se vive, se siente. 

La vida conjuga una totalidad tan diversa; experiencias que llamamos buenas y otras no tanto, sentimientos y emociones, en fin. En esa vida nos movemos en algo que determinamos como  tiempo y espacio y allí nos conectamos con otros, "somos otros", siendo nosotros mismos a la vez, debido a que maravillosamente cohabitamos en todo lo que expresa la humanidad: alegría, tristeza, conciencia, rabia, nobleza, reflexión, fé, y la aprehensión de eso que nombramos como  realidad. Así es la vida.

La vida es cambio. y todos, absolutamente todos continuamente mutamos... cambiamos. Nos movemos física, psíquica, y emocionalmente. Siempre estamos adaptándonos, mimetizándonos. Nos movemos, hacemos "algo", vamos o regresamos. Actuamos! En esencia, la vida es un sentir, un latido constante, una esencia, y los seres humanos tomamos del exterior (personas, hechos, lugares) y también hurgamos en lo interno y vamos dibujando con matices y pinceladas que llevan tonos diversos los cuadros de la galería del tránsito llamado existencia. 

La actuación para mí es la vida misma. Por cierto, algunas personas dicen: "es que los actores, en particular,  se convierten" Pero yo pienso que todos nos convertimos. Todos somos actores, personas que ejecutamos. Lo que creo es que si nos proponemos  abrir un poquito los ojos del alma y nos abstraemos de lo superfluo, agarramos de otros esas características (hasta formas de hablar) que creemos que no son nuestras. Y digo creemos porque en el ser humano habita todo. Algo que suena aparentemente ajeno, no lo es.

Que bendición y cuanto potencial tiene el hombre. Basta probar y lanzarse con mucha fe, para despertar el espíritu que Dios (la fuerza suprema) nos dio como regalo y entonces, como dicen muchos, actuar... conectarnos… vivir.

Wow, tu respuesta acaba de “abrir” mi concepción de la actuación. ¿Cómo y cuándo comenzaste a actuar?
¿Cómo comencé? Bueno, jugaba con hormigas en el patio de mi casa cuando empecé a actuar. Ese es el momento cuando mi memoria registra que comencé a vivir. Luego me la pasaba con muñecas, inventando historias o sintiendo y observando lo que le pasaba a la gente, y entonces,  agarraba eso para mí y lo vivía por medio de mis muñecas.
A mí me encantaba ver todo, leer cuentos y escribir, aunque no tenía muchos porque vengo de una modesta familia y muy particular, pero mis hermanas mayores me dejaban de herencia los suyos.  
En este punto (en esta pregunta) quiero hablar de mi padre Rafael Simón Gil, quien era un hombre inmensamente particular, con muchas aristas. Y lo refiero porque el  que me conoce desde la infancia (como mi mejor amiga Laura Costanzo) siempre comenta: "amiga, querida, tu padre era un actor y heredaste eso". Lo menciono porque se fue de este plano hace muy poco pero me dejó mucho.  Y la gente  dice eso. Ta vez, el cómo viene por allí y tantas vivencias generacionales. 
Por su parte, mi mamá me dice siempre que pese a mi timidez andaba metida en los actos culturales del colegio. Yo recuerdo que en 4to y 5to grado hice una obra en la cual yo era un zorrilo hediondo que otros animales no querían (claro, por el olor), pero luego el amor, la nobleza, y la unión prevalecieron. Se llamaba PIMPI. Qué cómico! Después en bachillerato en el Colegio Padre Seijas, y así seguí…
Pero lo que la gente llama “formalmente”... eso fue en la Escuela Superior de Artes Escénicas Juana Sujo, de la mano de un profesor ruso llamado Pavel Rochupskin, pero previamente había iniciado en un taller muy largo con un maestro llamado Noel Cruzen de la Casa del Artista, que por cierto, yo ni tenía dinero para hacerlo, pero el me dijo: no le digas a nadie pero yo te beco. Sigue viniendo como sea y así fue.

Después por casualidades llegó Venevisión con Héctor Manrique (era un taller gratis) y menos mal porque tampoco tenía ni un centavo en ese momento. A veces, hasta me mareaba del hambre en las clases, pero cuando oras todo pasa y además tenía unos compañeros maravillosos. Y bueno, estoy agradecida porque han pasado muchas cosas en el devenir de la vida, pero si te soy franca recuerdo haber iniciado con las hormigas en el patio de mi casa.

¿Cuál ha sido tu representación favorita?
Mi madre santa! Es un poco difícil contestar esta pregunta. Hoy te digo que “Teresa Carreño, La Pasión”. Es como un hijo porque la escribí y en ese momento había nacido mi grupo HAGEO TEATRO (Hageo que es el nombre de un profeta y un libro de la Biblia).
Pero, bueno Jesús, puedo comentarte que me gustó mucho Marlene en la obra “Rosa de Dos Aromas”. Era una peluquera y con Marlene yo sentía que me estaba montando en un globo aerostático de colores donde cada nube sacaba de lo más hondo de mí, una inmensa carcajada. Las obras rusas: todas las de Chejov. Me encantaba “Srta Julie” de August Strindberg (fue en la Juana Sujo). Es que todos los personajes me gustan y todas las obras también. Me encantan porque los personajes son como los seres humanos y las obras como la vida misma.

¿Solo Teatro?
No, no solo teatro. También cine, aunque formalmente he hecho poco. Un par de cortos y un personaje en la película Zamora de Chalbaud. Pero lo que la gente no sabe es que he hecho tanto pero tanto cine, porque para mí todo es como una pel'icula: desde un café compartido, salir… compartir… lo que te pasa en la calle… en fin, cada vivencia es una historia.

Estudié Comunicación Social en la UCV y estoy en ejercicio. Soy locutora, he trabajado dando clases de teatro para niños. Adoro a los niños y ancianos. Y.... Bueno, me encanta escribir. La verdad, yo hago de todo un poco. Siempre hay que estar listo para todo (Las cosas buenas).

Claro Mariana, las cosas buenas, y las no tan buenas también, aquellas un poco más difíciles de sobrellevar. ¿Qué es lo más difícil de la actuación?
Ay, Dios! Esta pregunta es otra bien difícil. La vida no es simple. Pero si me pides que sea puntual, pienso en el escenario. El momento más difícil es antes de salir a escena y cuando se termina la pieza. Como nacer y morir. Es una sensación rara y la gente que ha trabajado conmigo lo sabe. En especial mi amigo Níger Pereira quien desde hace siglos me acompañaba. Voy muchas veces al baño a orinar, mi sudoración aumenta, siento que mis poros se dilatan y sube mi temperatura. Un nudo como de una gran soga se me posa en la garganta, y rezo mucho para tratar de controlar los esfínteres. Y luego, al final, es igual de difícil porque sudo mucho más que al principio, y te confieso que me provoca tomarme un buen vaso de jugo de fresa al rato.  Los finales de las obras son lo más difícil porque quedo como vulnerable, me siento como desnuda  y cuando estás de esa forma solo quieres estar sola, solo.
Me provoca correr lejos e irme y no recibir ni aplausos, pero soy cortés y siempre saludo a quienes se quedan o atiendo cualquier solicitud que se me haga (así me enseñaron en casa)  pero confieso que solamente me provoca estar sola o que alguien muy, muy cercano me abrace. Me queda un inmenso cansancio y un gran vacío interno. Como si todos mis poros son ojos abiertos que han parpadeado mucho. A las dos horas me da un hambre tan atroz como si hubiese subido el  cerro “El Avila” un par de veces y quedo "agotada".  Después, me da mucho sueño y a dormir. 

¿Cómo ves el movimiento teatral venezolano?
Raro. Como un cuadro surrealista. Como un paisaje que no logro descifrar. A veces lo veo como el país en la actualidad. A veces, siento frustración…


Teresa Carreño... ¿Por qué?
Por muchas cosas. Todo lo que vivió. Por ser una mujer que en su época rompió esquemas. Por Venezuela. Por esa estructura que lleva su nombre donde ha trabajado y trabaja tanta gente valiosa. Porque cuando me fui a Caracas (soy de Valencia) no me gustaba estar encerrada en una residencia, en una habitación fría y sin arraigo. Entonces me iba a estudiar en los espacios del Teatro Teresa Carreño o ensayaba allí, apenas con una galleta de soda, agua y el ticket de metro y me causaba ruido el gran desconocimiento que sobre esa vida tan apasionante, existía. Por eso y para eso Teresa Carreño...

*Clarinestista de la Sinfónica Teresa Carreño, además de director artístico y clarinestita del Ensamble Raudal, grupo de música instrumental venezolana que fundó en 2004. También es integrante del Cuarteto de Clarinetes REUM de Venezuela y es investigador sobre el rol del clarinete en la historia de la música venezolana.
Fotografías: Milangela Galea y Luis Corona 2016, correspondiente al último montaje de la obra "Teresa Carreño, la pasión" en el marco de homenaje "In memoriam", realziado en la Sala José Félix Rbas, Teatro Teresa Carreño, 30 de noviembre y 1° de diciembre de 2016. Una coproducción del Centro Documental del Teatro Teresa Carreño, Épica Producciones y Toclick.

domingo, 12 de febrero de 2017

Teresa Carreño y Luz Machado: música y poesía



DOCUMENTOS HISTÓRICOS
Por Mario Milanca Guzmán*
La música y la poesía ¿cuándo han estado divorciadas? Jamás. Y cuando Maurice Blanchot dice: “escribir es la participar de la afirmación de la soledad donde amenaza la fascinación”. ¿Acaso no sería legítimo sustituir en esa sentencia “escribir” por “interpretar”? y tendríamos ambos ejercicios artísticos unidos. Así Luz Machado** escribe “en su soledad”, como ayer Teresa Carreño interpretaba “con su soledad” para fascinar a su alocutorio. Pero en forma estricta estas venezolanas ilustres se unen en el mismo ejercicio, en definitiva, la escritura, el signo ¿Teresa Carreño no reescribió, en el piano, los sueños y pesadillas, de compositores fallecidos o de sus contemporáneos?;  decimos que ambas se encuentran en la escritura hecha un código diferente, el musical, pero ambas finalmente, nos han hecho llegar sus sueños, alegrías, pesadillas, a través de sus respectivas obras.

Escribimos lo anterior como homenaje a dos mujeres venezolana que en distintas épocas ha representado, en lo más alto, el nombre de Venezuela en el exterior. Y lo hacemos a propósito de un artículo que Luz Machado publicara en El Nacional 46 (16.261): A4. Diciembre 8, 1988, titulado “Sobre bibliografía nacional”. En esencia, su autora reclama algo, que nosotros compartimos plenamente. Esto es, el uso de materiales en cierto trabajos –léase libros, ensayos, artículos– y la ausencia de referentes.

Comenta Luz Machado, en su artículo antes citado, que ella reacciona con extrañeza antes quienes omiten señalar trabajos y autores que estoy segura –dice– ha sido conocidos. Compartimos esta inquietud muy legítima de la intelectual. Ella me comentaba en un diálogo telefónico que mantuvimos el mismo día en que se publicara su artículo “Sobre bibliografía nacional” –que hasta un título de una de sus obras se lo habían plagiado. Nosotros tenemos un caso muy reciente que comentar –no denunciar, pues ya se lo hicimos ver al plagiario, sin que hasta el  presente hayamos tenido una respuesta–. En efecto, hace varios años comenzamos una lectura de la revista que fundara un venezolano visionario, don José María Herrera Irigoyen, titulada El Cojo Ilustrado. Esa lectura tuvo como objetivo estudiar el “parámetro musical”; resultado de esa lectura han sido: a) “El Cojo Ilustrado 1892-1915: una investigación hemerográfica” Revista Musical de Venezuela, Caracas, enero-abril de 1982, núm. 6, págs. 73-143; b) “Una experiencia hemerográfica. Investigación en publicaciones no especializadas en Venezuela: método y análisis” ponencia al Primer Encuentro Latinoamericano de Compositores, Musicólogos y Críticos” Caracas, 1984; c) “Reynaldo Hahn en El Cojo Ilustrado” cap. III, de la obrada titulada Reynaldo Hahn, caraqueño; d) Música y músicos en El Cojo Ilustrado, ésta última, es la obra definitiva que recoge nuestras investigaciones en la citada revista.

Luego señala que ignora qué exigencias imponen los nuevos dictámenes teóricos sobre bibliografía. Creo que no existen “nuevos métodos”, el método en bibliografía será siempre el mismo, esto es, la honradez, en el momento de indicar nuestras fuentes; honestidad y precisión.

Queremos homenajear a Luz Machado por esa preocupación que ha mostrado por Teresa Carreño, y no escribió al margen de su vocación poética”, pues lo que ella ha escrito sobre la pianista universal es, en esencia, poesía. De Luz Machado conocemos dos trabajos consagrados a la caraqueña: “La máquina de Teresa Carreño”, El Nacional año (N°) Noviembre 24, 1975, y “Teresa Carreño” Revista Nacional de Cultura, Caracas, julio-agosto de 1965, núm. 170, págs. 18-27. Este último es una recensión dictada por las páginas de exaltación que me han inspirado – confiesa su autora – la vida y la obra de esta ilustre venezolana; vida y obra que la poetista conoció a través del libre de la polaca-norteamericana Marta Milinowski, titulado Teresa Carreño. Luz Machado, propone a los jóvenes la lectura del libro de la autora norteamericana.

Del comentario publicado en la Revista Nacional de Cultura, quisiéramos detenernos en lo que pensamos, es lo medular; nos referimos a la apreciación que hace la autora de la vida de Teresa Carreño. Anotamos algunas de esas afirmaciones: “Sólo hay que insistir en su conocimiento”; “Ni debemos permitir que se nos extravíe la huella de la más grande venezolana de todos los tiempos; “Venezuela le debe todavía el gran homenaje”; “Han de recordarse sus pasos y no permitir que se nos extravíe su huella, que ha de estar bien conservada y servir de objeto de estudio a la generaciones presentes y futuras”.

El gran homenaje a que alude a la autora del Canto al Orinoco, fue saldado por la patria el día 9 de diciembre de 1977, cuando por un decreto N° 2.451, del entonces Presidente de la República, Carlos Andrés Pérez, se realizó la inhumación de sus restos –cenizas– en el Panteón Nacional. Ahora, lo que aún permanece como compromiso con nuestra eximia pianista, es lo que anota con tanta lucidez la poetista: las huellas. Sí, ella pide que no se nos extravíe su huella que ha de conservarse y servir de estudio a las generaciones presentes. Pero la pregunte se impone ¿qué se ha hecho al respecto? ¿Se ha desandado el camino, y rastreado ese ejemplo, esa vida? Por nuestra parte podemos decir que desde hace varios años hemos centrado nuestro trabajo en la vida y la obra de Teresa Carreño. Esos trabajos –que se iniciaron con el sólido respaldo de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation– han sido los siguientes: 1) "Dislates en la obra Teresa Carreño, de Marta Milinowski”. Latin American Music Review. University of Texas, vol. 8, numero 2, fall/Winter, 1987; 2) “Claudio Arrau evoca Teresa Carreño ibídem; 3) "Teresa Carreño 1885-1887", Venezuela ’88, n° 9; 4) Teresa Carreño, gira caraqueña y evocación (1885-1887). Caracas, Edic. Cuadernos Lagoven, 1987, 140 págs.; 5) Teresa Carreño, una década (1853-1953)  (obra inédita); 6) María Teresa Carreño. Este libro lleva por subtítulo: “Un desconocido artículo de Cecilio Acosta”, (obra inédita); 7) “Teresa Carreño: cronología y manuscritos”, Revista Musical Chilena, Santiago, junio-diciembre de 1988. Núm. 170 (en prensa); 8) Teresa Carreño, 55 años de pianismo. (Fundación Biblioteca Ayacucho, en prensa). Independientemente de este trabajo, está la difusión de la vida y la obra de la artista, a través de conferencias que hemos dado, tanto en el país como en el exterior.

Así creemos, estamos cumpliendo el pedido que hace la ilustre poetista en su trabajo publicado en la Revista Nacional de Cultura; o, al menos, nos acercamos al espíritu de ese pedido: rastrear las huellas, pide la autora. Nosotros lo hemos hecho en cuatro libros y otros tantos ensayos; lo hemos logrado recurriendo a fuentes primarias, es decir, archivos; y gracias a esa indagación tenemos en nuestro poder materiales absolutamente inéditos, que servirán para reconstruir esas huellas de la artista V. gr., hemos dado con el documento que oficializa la vida civil de Teresa Carreño: su partida de bautismo. Luego 134 años de haber permanecido en la oscuridad de los libros, en la humedad que silencia, entre los hongos que matan, sacamos a la luz ese precioso documento, que adquiere todo su valor como tal, al ser inscrito dentro de otro, y así hoy podemos entregar una secuencia precisa de sus huellas infantiles, de sus padres y hermanos.
 * Mario Milanca Guzmán (1948-1999) Investigador chileno residenciado en Venezuela que hizo un importante aporte en el rescate de la documentación de Teresa Carreño en los archivos caraqueños. Fue Licenciado en Letras y docente universitario. El artículo que recatamos hoy fue publicado en el diario El Nacional, el 23 de enero de 1989. Tiene su valor histórico porque además de referirse a Teresa Carreño, hace un inventario de sus obras dedicadas a la artista.
** Poeta, ensayísta y diplomática venezolana, nacida en Ciudad Bolívar en 1916. Murió en Caracas en 1999. Fue confundadora de la revista "Contrapunto".
Fotografías: Teresa Carreño (Centro Documental TTC);  

martes, 17 de enero de 2017

“Teresa Carreño: anécdotas y pasajes



DOCUMENTOS HISTÓRICOS
Por Arturo González Ubán*
Teresa demostró sus dones musicales desde muy temprana edad. Su padre, que era pedagogo, se convirtió en su primer maestro de piano, y a los cinco años le entrenaba en la técnica pianística con una serie de ejercicios. Vivió hasta los ocho años en Venezuela. En agosto de 1882 partió en el barco Joseph Maxwell desde Puerto Cabello hacia Filadelfia en compañía de sus padres, Manuel Antonio su hermano, su abuela Gertrudis, el tío Juan de la Cruz Carreño y cinco fieles criados. La Familia se residenció en Nueva York, en un apartamento de la Segunda Avenida.
Les voy a contar unas anécdotas y pasajes de la vida de Teresa. Hizo su debut en el Irving Hall de Nueva York el día 25 de noviembre de 1862. Cuando los padres y la niña se dirigían en coche al Hall, las calles adyacentes estaban abarrotadas de gente que quería ver a la niña prodigio que tuvieron que bajarse varias cuadras antes y caminar entre la multitud que la vitoreaba y aplaudía.
La crítica del New York Times de fecha 28 de noviembre de ese mismo año, entre otras cosas dijo: “su rango se lo merece, no como una niña prodigio, quien a la edad de ocho años ha vencido casi todas las dificultades técnicas del piano, sino como una artista de sensibilidad de primera clase”.
Cuando contaba apenas nueve años, fue invitada a tocar en la Casa Blanca para el Presidente Lincoln y su esposa; fue recibida con gran formalidad y cordialidad, pero cuando le pidieron que tocara el piano, asumió una actitud crítica hacia todo, la silla era incómoda, los pedales apenas se podían alcanzar y la acción de ejecutar una pieza en aquel piano (un Gran Schomaker) se hacía muy difícil, fue entonces cuando su padre le sugirió que tocara algo de Bach para que familiarizara con el piano. Esto le molestó mucho a la niña, e hizo que se revelara tocando una pieza muy fuerte de Gottchalk que al padre no le gustó para nada, pero al Presidente y a su esposa los emocionó mucho. Luego la Sra. Lincoln le pidió que tocara The Mocking Bird (El pájaro Sinsonte), a lo que Teresa respondió con mucho sentimiento. Desde esa corta edad ya se apreciaba el temperamento fuerte que la caracterizó durante toda su vida. Manuel Antonio, su padre, salió disculpándose hasta el final del salón.
A los doce años de edad, la Sra. Erard invitó a Liszt para que escuchara a la pequeña y aceptó encantado. Para el momento del encuentro estaban reunidos tres grandes músicos: Saint Säens, Plante (gran pianista francés, a quien Teresa dedicó años después una pieza de su propia inspiración). Para que la jovencita se sintiera cómoda entre ellos, Liszt le dio un golpecito en los hombros y le dijo que el tocaría primero y luego lo haría ella. Liszt tocó un andante de una de las sonatas de Beethoven, luego la condujo al piano y se colocó en el lado opuesto de la medida que continuaba, la atención de Liszt se acrecentaba al punto que se levantó de la silla y se le colocó a su lado, diciéndole: “pequeña, Dios te ha dado el mayor don que se le puede dar a un ser humano; el genio, trabaja, desarrolla ese don y sobre todo mantente como tú misma y algún día serás una de nosotros”.
A los catorce años de edad, fue invitada a tocar en el Palacio de Marlbouroug en Londres, para la entonces princesa de Gales, quien después fuera la Reina Alexandra. Para esta gran ocasión creyeron conveniente que la joven pianista usara traje de cola. La joven Teresa no estaba acostumbrada a esa clase de trajes, pero de todas maneras se sintió muy orgullosa de usarlo y ser recibida por la Princesa Real. Luego de atravesar el salón, para sentarse tuvo que hacer un movimiento a la cola y no se percató de que había tumbado la silla: la pobre Teresa cayó sentada en el piso causando gran alarma a la amable Princesa, que pensó que se había lastimado. Este incidente causó mucha impresión en ella, desde que entonces, cuando usaba trajes con largas colas en los escenarios, recordaba con una mezcla de orgullo, felicidad y tristeza que tenía que ser cuidadosa al sentarse en el piano.
En 1879, en un concierto de música de cámara, a última hora el cellista tuvo que ser sustituido. Dijo un crítico que éste tuvo que agradecerle a las estrellas que Teresa fuera capaz de interpretar su propia parte en el piano y tener que hacerlo también por el cellista.
Debido al éxito obtenido en Berlín, Teresa Carreño fue invitada a tocar en los mejores teatros de Europa Occidental y también en Rusia. A mediados de enero de 1891 llega a San Petersburgo para realizar su primera gira en ese país. Al llegar se encuentra con Anton Rubinstein, a quien no veía desde hacia veinte años, reanudando una gran amistad que los unió desde entonces. Un hecho curioso fue que en unos de sus conciertos se encontraba el joven Rachmaninov, de apenas 18 años de edad y que al escucharla dijo: “nunca en mi vida olvidaré a Teresa toando el Concierto de Grieg y la Rapsodia Húngara N° 6 de Liszt”.
En su repertorio destacaba la música romántica, en la que ponía mucho énfasis, la música contemporánea, la clásica y preclásica, y sentía una gran afición por la música moderna francesa. En una oportunidad se le preguntó por qué no tocaba este tipod e música, a lo que respondió: “no vale la pena, si Ud. Necesita técnica, hay otras formas de practicar escalas… pero hay un punto a favor de este tipo de música, si Ud. Comete un error nadie lo va a notar”.
Estando en la ciudad de Rotoura, Nueva Zelandia, y cuando terminaba de arreglarse para un concierto se fue la luz eléctrica… ella no se amilanaba por nada, encendió una vela y se fue caminando hacia el teatro, cuando llegó allí, se encontró que los acomodadores también estaban utilizando velas para llevar a los asistentes a sus puestos y cuando llegó el momento de comenzar el concierto, esas velas fueron colocadas al borde de escenario, lo que hacía visible la cara y las manos de Teresa. La primera parte se llevó a efecto de la forma más impresionante. Al volver la luz en la segunda parte, los asistentes protestaron.
Una noche del año 1900 al llegar la pianista a la estación El Paso (Texas), procedente de Los Ángeles, (California), ella y su esposo le entregaron las maletas a quien creyeron sería el portero del hotel. Entre el equipaje se encontraba el maletín donde llevaba todos sus documentos, dinero, pasaportes, contratos, etc., y sin los cuales no hubiera podido continuar su gira. Al llegar al hotel se dieron cuenta de que faltaba el maletín. Llamaron para reclamar la pérdida. Este les contestó que iría a la estación de tren a buscarlo, y a los pocos minutos regresó sin haberlo encontrado. Ella decidió ir con él a buscarlo y acudieron a la estación de policía. Aquí comienza la parte cómica de este incidente. Cuando el empresario abrió la puerta, allí se encontraban cuatro fornidos policías jugando cartas y cada uno de ellos cargaba dos enormes pistolas en el cinturón. Al entrar, los cuatro saltaron de sus asientos agarrando las pistolas una en cada mano, a lo que ella les dijo: “un momento señores, no dispares todavía”. La artista dijo que nunca olvidaría la expresión de sus caras. El jefe de los cuatro se acercó y ella le explicó su situación y su importancia, a lo que él le dijo que recobraría su maletín antes del amanecer, y que si tenía que despertar a todo el mundo en la ciudad, lo haría. Fue a varios hoteles de la ciudad y en uno de ellos estaba el maletín esperando que alguien lo reclamara.
Teresa contó a una de sus alumnas acerca de una historia que nunca olvidaría: Una mañana en Berlín ella estaba ensayando el concierto de Grieg con la Orquesta Filarmónica de Berlín, bajo la dirección de von Bülow, y cuando terminó de tocar, un hombre se paró adelante y puso sus manos sobre las suyas y le dijo que estaba muy feliz de oírla tocar. Teresa, que estaba apurada esa mañana, estrechó las manos del extraño sin prestarle importancia, y le dio las gracias muy ligeramente antes de marcharse. Pero el “hombrecito” le sostuvo las manos y le dijo: “me gustó mucho la forma como usted tocó señora, y también el cambio que hizo en ciertas notas, en la última parte, en octavas. Es mejor así”. Teresa sonrió otra vez y le contestó: “gracias”. Luego el “hombrecito” le dijo tranquilamente: “yo soy Edward Grieg”. Muchas visitas placenteras siguieron a ese feliz encuentro. Después de un tiempo él tuvo la oportunidad de dirigirla en este mismo concierto.
En Australia, en junio de 1907, le hicieron una entrevista y le preguntaron: “-¿Alguna composición original?” Y contestó: “Revue in Prague” (Desfile en Praga), un Capricho a la Polaca, la cual ha sido adoptada por las bandas militares francesas y ha sido tocada en Coblenz, y también en América del Norte.
En enero de 1914, tocando en Canadá y antes de finalizar un concierto de Schumann, tuvo que parar de repente en forma abrupta debido a que unos de los pedales se rompió. Ella levantó sus manos como signo de angustia y dijo: “yo no puedo continuar, el pedal está roto” y se fue del escenario. Regresó al cabo de unos pocos minutos y le comunicó a la audiencia: “damas y caballeros, el pedal se rompió, no puedo continuar. El manager me ha prometido arreglarlo o colocar otro piano para proseguir”. Ella fue recompensada por este gesto, con un fuerte aplauso.
En marzo de 1914 en la ciudad de Kansas, y al hacer su entrada al escenario del Teatro Schubert, donde daría un concierto con la Orquesta Sinfónica de esa ciudad, los músicos saltaron de sus asientos y empezaron a tocarle una “fanfarria”, saludo que se hace a personas de cierta distinción y también a personalidades de la nobleza. La escena impresionante, cuando los músicos empezaron a sonar sus instrumentos metálicos apagando aplausos de la audiencia que llenaba el teatro, quienes también habían saltado de sus asientos, Teresa estaba visiblemente conmovida con la recepción, una atractiva mujer de cabellos grises con cincuenta años de triunfos pianísticos. Ella se volteó y saludó a la audiencia y también se dirigió a estrecharle la mano al director de orquesta, mientras que los instrumentos musicales seguían sonando.
Cuando llega a La Habana y empieza a sufrir de “Diplópia” en marzo de 1917, llamaron al Dr. Desvernine, éste la vio y cuando llego a la casa le comentó a su madre que había examinado a la gran pianista, a lo que la madre le contó que él no se acordaba, pero que cuando ella visitó La Habana, siendo una niña de ocho años, él fue escogido como paje para entregarle una corona de laureles de oro, y él fue requerido debido a que su padre fue una gran músico para aquella época.
Teresa y su esposo regresan a Nueva York, y ésta muere el día martes 12 de junio de 1917, a las siete de la noche. El servicio fúnebre fue uno de los más impresionantes jamás asistido. La simplicidad y belleza con que fue llevado a cabo el servicio, fue acorde con lo que fue la vida de esta insigne artista. El funeral fue privado en algún sentido, asistieron amigos, artistas y discípulos que llenaron el apartamento donde justamente meses antes había encontrado para pasar ratos felices.
La ceremonia fue leía por el Dr. Louis K. Anspacher, decano de la Universidad de Columbia, que dirigió el rito episcopal con una magnifica elegía por la gran artista y mujer. La señora Emily Bauer tocó “mi Dios acercate a él” y la Sra. Delfina Marsh cantó “Dios secará las lágrimas de sus ojos” y “Oh! Descansa en Dios” de Felix Mendelsshon. El ataúd fue llevado en andas por Ignacio J. Padereswky, Misha Elman, Albert Spalding, Carlos Steinway y otras grandes personalidades del mundo musical.
Veintiún años después de su muerte sus cenizas fueron traídas a Venezuela en un ánfora de bronce esculpida por el artista venezolano Nicolás Veloz, con una inscripción en latin y la efigie de Teresa, en una ceremonia que se celebró el día 15 de febrero de 1938, en el Cementerio General del sur. En honor a esa repatriación, el gobierno de esa época emitió una estampilla de correos conmemorativa con la efigie de Teresa Carreño, y esto constituyó un hecho significativo, ya que fue la primera mujer ligada al mundo muscial, en aparecer en un sello de correos.
En un momento de recogimiento consigo misma, Teresa dijo: he amado tanto a Venezuela, la he amado a veces por sus desgracias, otras por la generosidad de su madre naturaleza y siempre siendo una madre irremplazable. En su seno quiero dormir el sueño de la tierra. Es allí donde quiero que reposen mis cenizas.
El día 9 de diciembre de 1977, ante la presencia del Presidente de la Republica, y las más altas personalidades del país, familiares y amigos de la pianista, fueron trasladadas las cenizas de Teresa desde el Cementerio General del sur al Panteón Nacional e inhumadas muy cerca de donde reposan los restos de nuestra heroína Luisa Cáceres de Arismendi. La ceremonia empezó a las nueve de la mañana con la presencia de varios coros de todo el país, así como también algunas orquestas. Se interpretó entre otras piezas, el Himno a Bolívar de Teresa Carreño a cargo de la Orquesta Nacional Juvenil, y el coro de Cámara de Caracas de la Universidad Central de Venezuela. El Panteón Nacional estaba lleno y todos los presentes lo escucharon de pie, en sincero homenaje a la ilustre pianista venezolana, quien ahora reposa al lado de nuestros héroes. 
Revista Entreacto. Caracas.
* Arturo González Ubán (1916-2010), conocido como El chamo fue el curador de la Sala Permanente Teresa Carreño desde su inauguración en 1988 hasta el año 2009.
Imágenes: Centro Documental Teatro Teresa Carreño.