martes, 17 de enero de 2017

“Teresa Carreño: anécdotas y pasajes



DOCUMENTOS HISTÓRICOS
Por Arturo González Ubán*
Teresa demostró sus dones musicales desde muy temprana edad. Su padre, que era pedagogo, se convirtió en su primer maestro de piano, y a los cinco años le entrenaba en la técnica pianística con una serie de ejercicios. Vivió hasta los ocho años en Venezuela. En agosto de 1882 partió en el barco Joseph Maxwell desde Puerto Cabello hacia Filadelfia en compañía de sus padres, Manuel Antonio su hermano, su abuela Gertrudis, el tío Juan de la Cruz Carreño y cinco fieles criados. La Familia se residenció en Nueva York, en un apartamento de la Segunda Avenida.
Les voy a contar unas anécdotas y pasajes de la vida de Teresa. Hizo su debut en el Irving Hall de Nueva York el día 25 de noviembre de 1862. Cuando los padres y la niña se dirigían en coche al Hall, las calles adyacentes estaban abarrotadas de gente que quería ver a la niña prodigio que tuvieron que bajarse varias cuadras antes y caminar entre la multitud que la vitoreaba y aplaudía.
La crítica del New York Times de fecha 28 de noviembre de ese mismo año, entre otras cosas dijo: “su rango se lo merece, no como una niña prodigio, quien a la edad de ocho años ha vencido casi todas las dificultades técnicas del piano, sino como una artista de sensibilidad de primera clase”.
Cuando contaba apenas nueve años, fue invitada a tocar en la Casa Blanca para el Presidente Lincoln y su esposa; fue recibida con gran formalidad y cordialidad, pero cuando le pidieron que tocara el piano, asumió una actitud crítica hacia todo, la silla era incómoda, los pedales apenas se podían alcanzar y la acción de ejecutar una pieza en aquel piano (un Gran Schomaker) se hacía muy difícil, fue entonces cuando su padre le sugirió que tocara algo de Bach para que familiarizara con el piano. Esto le molestó mucho a la niña, e hizo que se revelara tocando una pieza muy fuerte de Gottchalk que al padre no le gustó para nada, pero al Presidente y a su esposa los emocionó mucho. Luego la Sra. Lincoln le pidió que tocara The Mocking Bird (El pájaro Sinsonte), a lo que Teresa respondió con mucho sentimiento. Desde esa corta edad ya se apreciaba el temperamento fuerte que la caracterizó durante toda su vida. Manuel Antonio, su padre, salió disculpándose hasta el final del salón.
A los doce años de edad, la Sra. Erard invitó a Liszt para que escuchara a la pequeña y aceptó encantado. Para el momento del encuentro estaban reunidos tres grandes músicos: Saint Säens, Plante (gran pianista francés, a quien Teresa dedicó años después una pieza de su propia inspiración). Para que la jovencita se sintiera cómoda entre ellos, Liszt le dio un golpecito en los hombros y le dijo que el tocaría primero y luego lo haría ella. Liszt tocó un andante de una de las sonatas de Beethoven, luego la condujo al piano y se colocó en el lado opuesto de la medida que continuaba, la atención de Liszt se acrecentaba al punto que se levantó de la silla y se le colocó a su lado, diciéndole: “pequeña, Dios te ha dado el mayor don que se le puede dar a un ser humano; el genio, trabaja, desarrolla ese don y sobre todo mantente como tú misma y algún día serás una de nosotros”.
A los catorce años de edad, fue invitada a tocar en el Palacio de Marlbouroug en Londres, para la entonces princesa de Gales, quien después fuera la Reina Alexandra. Para esta gran ocasión creyeron conveniente que la joven pianista usara traje de cola. La joven Teresa no estaba acostumbrada a esa clase de trajes, pero de todas maneras se sintió muy orgullosa de usarlo y ser recibida por la Princesa Real. Luego de atravesar el salón, para sentarse tuvo que hacer un movimiento a la cola y no se percató de que había tumbado la silla: la pobre Teresa cayó sentada en el piso causando gran alarma a la amable Princesa, que pensó que se había lastimado. Este incidente causó mucha impresión en ella, desde que entonces, cuando usaba trajes con largas colas en los escenarios, recordaba con una mezcla de orgullo, felicidad y tristeza que tenía que ser cuidadosa al sentarse en el piano.
En 1879, en un concierto de música de cámara, a última hora el cellista tuvo que ser sustituido. Dijo un crítico que éste tuvo que agradecerle a las estrellas que Teresa fuera capaz de interpretar su propia parte en el piano y tener que hacerlo también por el cellista.
Debido al éxito obtenido en Berlín, Teresa Carreño fue invitada a tocar en los mejores teatros de Europa Occidental y también en Rusia. A mediados de enero de 1891 llega a San Petersburgo para realizar su primera gira en ese país. Al llegar se encuentra con Anton Rubinstein, a quien no veía desde hacia veinte años, reanudando una gran amistad que los unió desde entonces. Un hecho curioso fue que en unos de sus conciertos se encontraba el joven Rachmaninov, de apenas 18 años de edad y que al escucharla dijo: “nunca en mi vida olvidaré a Teresa toando el Concierto de Grieg y la Rapsodia Húngara N° 6 de Liszt”.
En su repertorio destacaba la música romántica, en la que ponía mucho énfasis, la música contemporánea, la clásica y preclásica, y sentía una gran afición por la música moderna francesa. En una oportunidad se le preguntó por qué no tocaba este tipod e música, a lo que respondió: “no vale la pena, si Ud. Necesita técnica, hay otras formas de practicar escalas… pero hay un punto a favor de este tipo de música, si Ud. Comete un error nadie lo va a notar”.
Estando en la ciudad de Rotoura, Nueva Zelandia, y cuando terminaba de arreglarse para un concierto se fue la luz eléctrica… ella no se amilanaba por nada, encendió una vela y se fue caminando hacia el teatro, cuando llegó allí, se encontró que los acomodadores también estaban utilizando velas para llevar a los asistentes a sus puestos y cuando llegó el momento de comenzar el concierto, esas velas fueron colocadas al borde de escenario, lo que hacía visible la cara y las manos de Teresa. La primera parte se llevó a efecto de la forma más impresionante. Al volver la luz en la segunda parte, los asistentes protestaron.
Una noche del año 1900 al llegar la pianista a la estación El Paso (Texas), procedente de Los Ángeles, (California), ella y su esposo le entregaron las maletas a quien creyeron sería el portero del hotel. Entre el equipaje se encontraba el maletín donde llevaba todos sus documentos, dinero, pasaportes, contratos, etc., y sin los cuales no hubiera podido continuar su gira. Al llegar al hotel se dieron cuenta de que faltaba el maletín. Llamaron para reclamar la pérdida. Este les contestó que iría a la estación de tren a buscarlo, y a los pocos minutos regresó sin haberlo encontrado. Ella decidió ir con él a buscarlo y acudieron a la estación de policía. Aquí comienza la parte cómica de este incidente. Cuando el empresario abrió la puerta, allí se encontraban cuatro fornidos policías jugando cartas y cada uno de ellos cargaba dos enormes pistolas en el cinturón. Al entrar, los cuatro saltaron de sus asientos agarrando las pistolas una en cada mano, a lo que ella les dijo: “un momento señores, no dispares todavía”. La artista dijo que nunca olvidaría la expresión de sus caras. El jefe de los cuatro se acercó y ella le explicó su situación y su importancia, a lo que él le dijo que recobraría su maletín antes del amanecer, y que si tenía que despertar a todo el mundo en la ciudad, lo haría. Fue a varios hoteles de la ciudad y en uno de ellos estaba el maletín esperando que alguien lo reclamara.
Teresa contó a una de sus alumnas acerca de una historia que nunca olvidaría: Una mañana en Berlín ella estaba ensayando el concierto de Grieg con la Orquesta Filarmónica de Berlín, bajo la dirección de von Bülow, y cuando terminó de tocar, un hombre se paró adelante y puso sus manos sobre las suyas y le dijo que estaba muy feliz de oírla tocar. Teresa, que estaba apurada esa mañana, estrechó las manos del extraño sin prestarle importancia, y le dio las gracias muy ligeramente antes de marcharse. Pero el “hombrecito” le sostuvo las manos y le dijo: “me gustó mucho la forma como usted tocó señora, y también el cambio que hizo en ciertas notas, en la última parte, en octavas. Es mejor así”. Teresa sonrió otra vez y le contestó: “gracias”. Luego el “hombrecito” le dijo tranquilamente: “yo soy Edward Grieg”. Muchas visitas placenteras siguieron a ese feliz encuentro. Después de un tiempo él tuvo la oportunidad de dirigirla en este mismo concierto.
En Australia, en junio de 1907, le hicieron una entrevista y le preguntaron: “-¿Alguna composición original?” Y contestó: “Revue in Prague” (Desfile en Praga), un Capricho a la Polaca, la cual ha sido adoptada por las bandas militares francesas y ha sido tocada en Coblenz, y también en América del Norte.
En enero de 1914, tocando en Canadá y antes de finalizar un concierto de Schumann, tuvo que parar de repente en forma abrupta debido a que unos de los pedales se rompió. Ella levantó sus manos como signo de angustia y dijo: “yo no puedo continuar, el pedal está roto” y se fue del escenario. Regresó al cabo de unos pocos minutos y le comunicó a la audiencia: “damas y caballeros, el pedal se rompió, no puedo continuar. El manager me ha prometido arreglarlo o colocar otro piano para proseguir”. Ella fue recompensada por este gesto, con un fuerte aplauso.
En marzo de 1914 en la ciudad de Kansas, y al hacer su entrada al escenario del Teatro Schubert, donde daría un concierto con la Orquesta Sinfónica de esa ciudad, los músicos saltaron de sus asientos y empezaron a tocarle una “fanfarria”, saludo que se hace a personas de cierta distinción y también a personalidades de la nobleza. La escena impresionante, cuando los músicos empezaron a sonar sus instrumentos metálicos apagando aplausos de la audiencia que llenaba el teatro, quienes también habían saltado de sus asientos, Teresa estaba visiblemente conmovida con la recepción, una atractiva mujer de cabellos grises con cincuenta años de triunfos pianísticos. Ella se volteó y saludó a la audiencia y también se dirigió a estrecharle la mano al director de orquesta, mientras que los instrumentos musicales seguían sonando.
Cuando llega a La Habana y empieza a sufrir de “Diplópia” en marzo de 1917, llamaron al Dr. Desvernine, éste la vio y cuando llego a la casa le comentó a su madre que había examinado a la gran pianista, a lo que la madre le contó que él no se acordaba, pero que cuando ella visitó La Habana, siendo una niña de ocho años, él fue escogido como paje para entregarle una corona de laureles de oro, y él fue requerido debido a que su padre fue una gran músico para aquella época.
Teresa y su esposo regresan a Nueva York, y ésta muere el día martes 12 de junio de 1917, a las siete de la noche. El servicio fúnebre fue uno de los más impresionantes jamás asistido. La simplicidad y belleza con que fue llevado a cabo el servicio, fue acorde con lo que fue la vida de esta insigne artista. El funeral fue privado en algún sentido, asistieron amigos, artistas y discípulos que llenaron el apartamento donde justamente meses antes había encontrado para pasar ratos felices.
La ceremonia fue leía por el Dr. Louis K. Anspacher, decano de la Universidad de Columbia, que dirigió el rito episcopal con una magnifica elegía por la gran artista y mujer. La señora Emily Bauer tocó “mi Dios acercate a él” y la Sra. Delfina Marsh cantó “Dios secará las lágrimas de sus ojos” y “Oh! Descansa en Dios” de Felix Mendelsshon. El ataúd fue llevado en andas por Ignacio J. Padereswky, Misha Elman, Albert Spalding, Carlos Steinway y otras grandes personalidades del mundo musical.
Veintiún años después de su muerte sus cenizas fueron traídas a Venezuela en un ánfora de bronce esculpida por el artista venezolano Nicolás Veloz, con una inscripción en latin y la efigie de Teresa, en una ceremonia que se celebró el día 15 de febrero de 1938, en el Cementerio General del sur. En honor a esa repatriación, el gobierno de esa época emitió una estampilla de correos conmemorativa con la efigie de Teresa Carreño, y esto constituyó un hecho significativo, ya que fue la primera mujer ligada al mundo muscial, en aparecer en un sello de correos.
En un momento de recogimiento consigo misma, Teresa dijo: he amado tanto a Venezuela, la he amado a veces por sus desgracias, otras por la generosidad de su madre naturaleza y siempre siendo una madre irremplazable. En su seno quiero dormir el sueño de la tierra. Es allí donde quiero que reposen mis cenizas.
El día 9 de diciembre de 1977, ante la presencia del Presidente de la Republica, y las más altas personalidades del país, familiares y amigos de la pianista, fueron trasladadas las cenizas de Teresa desde el Cementerio General del sur al Panteón Nacional e inhumadas muy cerca de donde reposan los restos de nuestra heroína Luisa Cáceres de Arismendi. La ceremonia empezó a las nueve de la mañana con la presencia de varios coros de todo el país, así como también algunas orquestas. Se interpretó entre otras piezas, el Himno a Bolívar de Teresa Carreño a cargo de la Orquesta Nacional Juvenil, y el coro de Cámara de Caracas de la Universidad Central de Venezuela. El Panteón Nacional estaba lleno y todos los presentes lo escucharon de pie, en sincero homenaje a la ilustre pianista venezolana, quien ahora reposa al lado de nuestros héroes. 
Revista Entreacto. Caracas.
* Arturo González Ubán (1916-2010), conocido como El chamo fue el curador de la Sala Permanente Teresa Carreño desde su inauguración en 1988 hasta el año 2009.
Imágenes: Centro Documental Teatro Teresa Carreño.

lunes, 14 de noviembre de 2016

In Memoriam a Teresa Carreño llega a la Sala Ribas

NOTA

Porque fue conocida como la niña genio y avalada por los grandes de la música


Teresa Carreño rompió esquemas, recorrió el mundo a través del piano y  hoy reposa tanto en el Panteón Nacional como en  el recuerdo de quienes han valorado su legado

     La Fundación Teatro Teresa Carreño a través del Centro Documental y en coproducción con Hageo Teatro, Épica Producciones y ToClick  abre las puertas de la sala José Félix Ribas para presentar el espectáculo In Memoriam, y rendir así homenaje a la excelsa y virtuosa pianista Teresa Carreño, la artista venezolana más universal, quien conmemorará los 163 años de su natalicio y, próximamente,   el centenario de su muerte (2017).

    En dos únicas funciones pautadas para el miércoles 30 de noviembre y el jueves 1 de diciembre a las 6:30 pm, el público podrá disfrutar de un evento multidiverso basado en la obra “Teresa Carreño, la pasión” escrito e interpretado por la actriz Mariana Inés Gil quien,  desde hace dos años, ha llevado a la escena un trabajo de gran compromiso  para dar a conocer  la vida de  la Walquiria del piano. 
    En esta oportunidad, In memoriam contará con la participación especial  de la experimentada pianista Gioconda Vásquez, el laureado tenor Luis Javier Jiménez, la apasionada bailarina Claudia Olaiz (integrante del Ballet del Teatro) y el Coro de Ópera del Teatro Teresa Carreño, bajo la estética y minuciosa dirección artística de la avezada Gabriela Montilla y la impecable dirección técnica de Luis Urdaneta.

     Los boletos tienen un costo de 1000 Bs y están a la venta desde ya en las taquillas del teatro o a través de la página web www.teatroteresacarreno.gob.ve
     
Sin duda, un evento imperdible que abre la programación centenaria y en el cual el público vibrará por medio de la palabra, el piano, la danza y el canto y, donde  entre blancas y negras, color y claroscuro,  reflexionará sobre la vida misma…



¡No se la pierdan!

domingo, 16 de octubre de 2016

La música, mujer indomable

     LITERATURA*
Por Dayana Rada**
Hablar de Teresa Carreño es sumamente interesante. El solo mencionar su nombre evoca multiplicidad de temas. Uno de ellos, es que el género femenino cobra relevancia, es decir, la música es mujer y la Carreño también. Las mujeres estamos históricamente ligadas al amor, a la delicadeza, a lo sublime. No debería extrañar que una mujer sea tan digna representante en el arte de la música. 

Si la música es universal es lógico pensar que la Carreño también lo sea, desde niña mostró un amor incondicional por el piano, ese amor lo  imagino con la inocencia que caracteriza la niñez, con ese brillo en los ojos y la alegría en el corazón, cada vez que se sentaba a tocar algunos de los ejercicios que su padre le asignaba como tarea y que para ella significaban la felicidad porque lo hacía con gusto.
El piano pasó a ser su mejor amigo, testigo presencial de toda su vida  objeto de su creación, el que mejor la entendía, sin él Teresa Carreño no sería recordada como la Valquiria del piano, no hubiese podido escribir tantas composiciones, como por ejemplo: La cesta de flores, La primavera, La falsa nota o el Vals Teresita por mencionar algunas de sus obras de arte en el ámbito musical, todas escritas sobre él y para él.
Que haya sido la mujer músico más respetada y admirada de su época, habla del carácter fuerte, la determinación y valentía de la Carreño, le abrió paso a otras pianistas para que transitaran el camino de la música con indiscutible éxito.
 
La Carreño no necesitó nacer en otra época para hacer todo lo que se propuso, no necesitó ser hombre para escribir sus composiciones y vivir de su arte, tampoco escudarse en la fragilidad femenina para conseguir apoyo, para seguir adelante. Solo necesitó de su espíritu inquebrantable, de la música y de su piano.
La mujer es un instrumento para el amor, el piano instrumento para crear, la Carreño instrumento terrenal para crear amor por la música, porque vivió para y por la creación musical, porque la pasión con que componía, con la que hacía sus conciertos, con la que cantaba no era más que la expresión de lo que llevaba por dentro.
Es indiscutible el amor de un músico por su instrumento, el caso de Teresa no es la excepción, lo cuidaba, estaba pendiente de su afinación, de su limpieza, en fin de que siempre estuviera en perfectas condiciones.

El piano su leal e inseparable compañero, su amor fiel y constante, con el que pasó las horas más tristes y alegres, con el que compartió triunfos y fracasos, cuando se sentaba en él a componer se centraba en las notas musicales, en plasmar en una partitura lo que su mente y espíritu querían decir a través de acordes, lo que su alma necesitaba contar, lo que los demás apreciaban escuchar y lo que el mundo hoy reconoce como grandes obras musicales.         
Claro todo eso tenía que ser compartido, transmitido a otras generaciones y para ello se dedica a dar clases a los niños y jóvenes que querían aprender a tocar piano, cada clase con la gran Teresa valía la pena, no solo en costo material sino en el aprendizaje que significaba, prueba de ello es la generación de músicos que ayudó a formar y que obtuvieron reconocimiento como grandes pianistas.

El talento admirado por todos en el mundo es hoy un legado para las nuevas generaciones en su natal Venezuela, lástima fuera del contexto musical, no sea más reconocida y apreciada como el icono femenino más importante de nuestro país, aunque el teatro más importante tiene su nombre, pienso que su vida y obra musical debería ser estudiada como la de cualquier prócer de la independencia, o Presidente de la República, entre las obras dedicadas a nuestro país destacan: Himno a Bolívar, Saludo a Caracas, el Himno al Ilustre Americano y Danza Venezolana.

Teresa recorrió el mundo con su nacionalidad, sin olvidar sus raíces, con la convicción de que hacía lo correcto y que cualquier sacrificio valía la pena para llegar a donde en efecto llegó, esto debe ser tomado como ejemplo de coraje y amor a un talento que no se podía y no dejó que se desperdiciara.

En el Teatro Teresa Carreño se percibe el amor por el quehacer cultural, se siente el esfuerzo por dar a conocer la vida y obra de la Carreño, en donde se aprende a valorar lo que una mujer de su época tuvo que batallar para salir airosa en un mundo controlado por hombres, los cuales también aplaudieron su talento y se hicieron participe de su éxito.

Lo que es sublime en la música, puede ser igual de sublime en una mujer, y lo que puede llegar a ser indomable en una mujer, también lo puede ser en la música, un símbolo físico y tangible de ello es el Complejo Cultural Teatro Teresa Carreño. Indomable cuando se admira y sublime cuando se siente.

*Trabajo presentado en el Taller de Escritura Creativa: Teresa Carreño: música, literatura y cine, dictado por Luis Carlos Neves, realizado entre abril y junio de 2016 en el Centro Documental del Teatro Teresa Carreño.             
**Nació en Caracas (Venezuela). Egresada del Colegio Universitario de Caracas (1997) con el título TSU en Administración. Actualmente se desempeña como Asistente Administrativo en el Área de Educación de la Universidad Nacional Abierta. Igualmente, forma parte del Taller de expresión literaria, mención: Literatura infantil, dictado por Luiz Carlos Neves. Realizó el Taller de Escritura Creativa: Teresa Carreño: música, literatura y cine (2016).

                        

viernes, 16 de septiembre de 2016

Baile con la Valquiria





LITERATURA (FICCIÓN)*

Por Jeylú Pereda**


Era la tercera vez que Tadeo llegaba tarde al ensayo. Al posarse en la entrada su imagen se multiplicó en todos los espejos de la sala. Por unos segundos su mirada navegó evasiva entre sus compañeros; trató de anclarla en la complicidad que le brindaba su amiga América desde el piano, pero pronto emergieron los espesos ojos negros de Fausto, que avanzaron hasta él con el espíritu avasallante de una tormenta.
—¿Qué hora es Tadeo?
—Sé que he llegado tarde Fausto, pero
—Ssshhhh… Solo te estoy preguntando la hora Tadeo; sin embargo,  creo que tienes serias dificultades para dar lo que se te pide— dijo Fausto en una voz serena, punzante y diligente para llegar a todos los oídos, a todos los rincones.
Poseído en la arrogancia de su leotardo negro caminó  hasta el centro de la sala, se colocó en el medio del ballet y de nuevo apuntó su verbo y su mirada hacia Tadeo.
—Hay quienes afirman que lo principal de un espectáculo es la coreografía, no el bailarín… Lamento informarte que la coreografía está aquí Tadeo y que no necesito un bailarín, sino un cuerpo de baile que se mueva en perfecto allegro. En un mes estaremos en la Ríos Reyna, la sala más importante de este país, y no permitiré que el público se vaya sin haber disfrutado del mejor montaje que se haya hecho para homenajear a la gran Teresa Carreño. Si no puedes con eso, lo mejor es que te retires; no solo de esta sala, sino de esta vida conocida como ballet.
Cada una de las palabras de Fausto se convirtieron en cilicios que penetraron la mente y el corazón de Tadeo. Se preguntaba por qué tenía que soportar aquel juicio sin derecho a sacar a la luz las razones por las que se había convertido en lo que todos veían: ¿un artista sin disciplina? No esgrimió defensa alguna. Sus pies comenzaron a arder, tanto que bajó la mirada hacia ellos para corroborar que no desprendían llamas. Se descalzó y echó a correr. Dejó atrás la sala de ensayo y avanzó por los pasillos y las escaleras con la velocidad de un colibrí y no se detuvo hasta que las plantas de sus pies sintieron la textura del lugar de sus sueños: La Ríos Reyna.
La sala lucía impenetrable toda su sensualidad. Tadeo no se contuvo, y sobre la piel del centro del escenario soltó su llanto azul profundo. Lloró siete años de mala suerte que cuidadosamente había ordenado detrás de sus sonrisas. Lloró hasta comprender que las lágrimas solo son la transpiración y no el exorcismo del dolor. Repentinamente, mientras estaba sentado refugiando la cabeza contra sus rodillas y abrazando sus piernas como canaletas de lágrimas, sintió que el escenario comenzaba a girar. Una, dos, tres vueltas. Cuando alzó la mirada, no podía cree lo que ahora veía. 
—¡Aufstehen!— Fue la palabra que escuchó al tiempo que una suave mano apretó su hombro. Una hermosa chica con un tutú perlado y alas de libélula le sonreía. De nuevo repetía aquella palabra tan ajena a Tadeo. El movimiento de sus manos le dio luces para entender que ella lo invitaba a levantarse. La estampida de bailarines que salía del escenario en ese instante le advirtieron el sonido de la  lengua alemana. La chica le hizo señas para que siguiera al grupo de ballet. Tadeo lo hizo, pero no salía del asombro. Ya no estaba en la Ríos Reyna y no tenía la menor idea de cómo había llegado a otro teatro en el que todos hablaban alemán. Era un lugar muy elegante, mas los bailarines parecían destilados en el tiempo. Tadeo se sintió dentro de una de esas bolas de cristal que encierran ciudades en miniatura como recuerdo.
Los bailarines lo guiaron a través de un estrecho pasillo. A cada lado había puertas con carteles en los que se leían nombres de músicos, actrices y actores. La mayor sorpresa fue cuando leyó en uno de ellos el nombre de Teresa Carreño. Tadeo se quedó perplejo y paralizado ante la puerta. Cuando volvió en sí, se dio cuenta de que el ballet se había perdido hacia el fondo del infinito pasillo. Dudo por unos segundos, pero lo hizo, tocó a la puerta.
—Vorwärts— respondió una voz femenina.
La curiosidad de Tadeo lo hizo asumir aquella respuesta como una licencia para pasar. Giró la manilla, abrió lentamente la puerta y ahí estaba: La Carreño. El camerino lucía como un santuario del arte, y ella… ella era una divinidad sentada en un sillón de terciopelo. Una valquiria vestida de negro que discretamente se secaba unas lágrimas sin pañuelo. Dirigió una frase a Tadeo, pero él no entendió el perfecto alemán en el que se consultaba el motivo de su presencia. Entre la fascinación y la piedad, Tadeo le acercó un pañuelillo y le habló mirando directamente a sus ojos.
—¿Por qué llora La Carreño?
—Hablas español… ¿De dónde eres?— preguntó Teresa asombrada. La cadencia de la voz de ese muchacho de inmediato la conectaron con su infancia, con su tierra.
—Del mismo lugar que usted. De Venezuela— respondió Tadeo con una sonrisa brotada de orgullo.
—Qué hermosa sorpresa, no sabía de otros venezolanos en el teatro. ¿Cómo llegaste?
Tadeo había olvidado resolver aquella pregunta. Así que contestó con la verdad.
—No lo sé. Creo que un mar de lágrimas me decantó en el escenario.
Teresa sonrío en la complicidad de quienes se entienden en lo ilógico. Se inclinó hacia Tadeo y le preguntó: —¿Y por qué lloraste ese mar de lágrimas?
—Soy bailarín, pero no puedo serlo.
­—A ver, explícame eso.
—La compañía a la que pertenezco se prepara para el montaje más importante de su historia y yo no he dado la talla. He fallado en los ensayos. No estoy concentrado, he abandonado la disciplina. Mi coreógrafo cree que no sirvo para esto, me quiere fuera de la obra.
—¿Y qué crees tú?, ¿sirves para el ballet?
—¡Sí! Toda mi vida he trabajado para convertirme en uno de los mejores. Solo que ahora no he podido rendir. Por más que lo intento no logro concentrarme. Hay muchas cosas que me lo impiden.
—¿Qué cosas?
—No lo he querido contar en la compañía. Mi padre es mi única familia y desde hace un mes ha enfermado gravemente. No tengo dinero para pagar a alguien que lo cuide durante mi ausencia, incluso no tengo dinero ni para pagar muchas de las medicinas y alimentos que necesita. Usted no imagina lo terrible de la situación por la que atravieso, y no solo desde ahora. Desde que mi madre murió todo es cada vez más difícil.
Teresa se levantó del sillón y caminó hasta el perchero en el que colgaban dos hermosos vestidos
—Dime, ¿cuál te gusta más? En menos de una hora es mi presentación. Quiero lucir muy bien.
—El de la izquierda— respondió Tadeo, ahora anonadado con lo que él interpretaba como un insensible gesto de La Carreño. No comprendía cómo mientras él le había contado sobre su pena,  ella solo pensaba en elegir un bonito vestido para su presentación. Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Teresa se acercó de nuevo para mostrarle una fotografía en la que aparecía rodeada de cuatro niñas y un niño.
—Son mis hijos: Giovanni, Lulú, Teresita, Eugenia y Hertha. Falta Emilia. Los cinco son mi vida. Esta de acá es Teresita, siempre ha sido la más rebelde. Nunca he logrado que aproveche sus grandes dotes. Me culpa de no comprenderla y de tener 30 mil años de atraso en mi manera de pensar. Sin duda, la pequeña ha olvidado una de las razones por las que he sido criticada en Caracas.
—No puede ser usted una mujer más adelantada a su tiempo.
—Teresita no lo cree así. Ella solo me recuerda cuando tiene algún problema y necesita de mi ayuda. El verano pasado estuvo en Milán y al poco tiempo de escribirme sobre lo feliz que se encontraba, cayó enferma con una erupción y una fiebre que ennegrecieron su piel. La amiga con la que viajaba la dejó sola y la policía la descubrió sin certificado de nacimiento. Poco después se las arregló para llegar a Malta. Y hace un mes salió en un buque austriaco que llegó  Argelia bajo las declaraciones de guerra. Ahora Teresita está presa y acusada de espía.
—Lo lamento mucho. ¿Qué hará ahora?— expresó Tadeo avergonzado de haber juzgado a sus adentros la insensibilidad de Teresa.
—Un concierto. En pocos minutos, por cierto.
—Me refiero a su hija. ¿Cómo se encuentra ella?
—Teresita comparte un sucio calabozo con dos domadores alemanes y dos mujeres árabes, una que mató a su esposo y otra a su hijo. Mira —le mostró un recorte de prensa— aparece en los diarios como la que había dado la señal para que los alemanes bombardearan el puerto de Bône. Ella habla alemán perfectamente, así que eso juega en su contra. Podría ser fusilada de un momento a otro.
—¿Y qué hará usted? — exclamó Tadeo angustiado.
—Un concierto, ya te lo he dicho. En ocho minutos exactamente.
—¿Pero y su hija?
—Mi hija está en Argelia y necesita que yo haga este concierto y todos los que sean necesarios para reunir los recursos que me permitirán rescatarla. Mi hija está en un calabozo espantoso y necesita que yo mueva cielo y tierra para sacarla de ahí. Y querido, mi única forma de mover el cielo y la tierra es tocando el piano.
Tadeo quedó estupefacto con la claridad que tenía Teresa para resolver algo tan grave como salvar a una hija bajo amenaza de muerte. Mientras él se guardaba en la introspección, ella fue hasta el espejo para colocarse los aretes y con dulzura le recordó al muchacho que debía alistarse para el concierto.
—Querido debo ponerme el vestido que elegiste. Te invito a disfrutar del concierto a los pies del telón.
—Sí, será un placer— respondió Tadeo maravillado y consternado a la vez.
Antes de salir del camerino, los ojos de Teresa en el espejo se volvieron a los del joven bailarín para hacerle otra confesión.
—Cuando tenía nueve años, después de un gran concierto, le dije a mi madre que sería una artista toda mi vida.
El rostro de Teresa se iluminó con una sonrisa de Gioconda. Tadeo abandonó el camerino envuelto en una sensación de bautismo. Caminó hasta la parte posterior del escenario y ahí esperó a La Carreño. A los pocos minutos ella apareció radiante. Ante el piano lucía como la mujer más poderosa del mundo. “La valquiria a quienes los males mortales no podían alcanzar”. De la alquimia de sus dedos y el teclado floreció el hermoso vals “Mi Teresita”. Tadeo se sintió abrazado por aquellas notas; así cerró los ojos y se entregó al placer hasta que  una voz familiar inundó sus oídos.
—¡Levántate!— dijo América, su amiga.
* Este fue uno de los trabajos finales presentados en el Taller de Escritura Creativa Teresa Carreño: música, literatura y cine, realizado en la Sala de Lectura del Centro Documental del Teatro Teresa Carreño entre el mes de marzo y junio de 2016, dictado por el profesor Luiz Carlos Neves.
** Periodista nacida en La Guaira (Venezuela) el 26 de abril de 1984. Egresó en el año 2007 de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Santa Rosa. Ha ejercido profesionalmente en medios de comunicación impresos y radiofónicos. Participó en el Taller de Escritura Creativa del Centro Documental Teatro Teresa Carreño. Actualmente forma parte del equipo de redacción de la revista histórica Memorias de Venezuela y continúa su formación literaria en el XIII Taller de Narrativa de Monte Ávila Editores.
Fotos de Teresa Carreño: Archivo Histórico Teresa Carreño/ Centro Documental Teatro Teresa Carreño.
Fotos de la Sala Ríos Reyna y bailarines: Stefano Svizzeretto (2012).