jueves, 18 de agosto de 2016

Teresa Carreño

Por Eduardo Lira Espejo*
DOCUMENTOS HISTÓRICOS

A fines del siglo pasado y en las primeras dos décadas del actual**, el luminoso nombre de Teresa Carreño, la pianista sublime que se hizo aplaudir en uno y en otro continente, fue noticia constante, tema periodístico internacional. Ahora a los sesenta años de su muerte, el nombre de la inmortal venezolana hace noticia en su tierra natal con motivo del acuerdo de Senado de la República, mediante el cual decide trasladar sus venerados restos al Panteón Nacional, a fin de que reposen al lado de los Libertadores y próceres que nos dieron la libertad y afianzaron la nacionalidad, y junto a los grandes, del intelecto y de las ciencias de Venezuela. Acuerdo en homenaje a los méritos singulares de la ilustre y célebre compatriota, cuyo gusto artístico y fama mundial como gran pianista de todos los tiempos han dado gloria auténtica a Venezuela, dice el documento en referencia.
Venezuela honra a la caraqueña que naciera el 22 de diciembre de 1853. Descendiente de dos familias ilustres ya que su madre, doña Clorinda García de Sena y Toro, era sobrina de la esposa del Libertador; mientras que su padre don Manuel Antonio Carreño fue hijo de don Cayetano Carreño, el extraordinario compositor de la época colonial, autor de la Oración en el Huerto, una de las partituras maestras de las pertenecientes a la Escuela de Chacao. Don Cayetano Carreño, abuelo de Teresa, era hermano del célebre Don Simón Rodríguez, profesor de Simón Bolívar. Este don Manuel Antonio Carreño, progenitor de Teresa, es el autor del Manual de la Urbanidad y Buenas Maneras, cuyas severas reglas fueron impuestas en la educación social latinoamericana, preferentemente en la caraqueña, de tal manera que este manual revela las costumbres y convivencias de las familias de aquella época. Pero don Manuel Antonio Carreño, que provenía de una sobresaliente familia de músicos, él era músico también. Fue el primero en advertir las excepcionales dotes de su hija. Fue su primer maestro de piano, la introdujo al estudio del instrumento de acuerdo a su particular pedagogía. Para ella escribió más de quinientos ejercicios, los cuales practicó a diario la pequeña infante, desde los tres años de edad. En este ambiente de cultura y de severidad, de arte y de acatamiento a los buenos modales, se desarrollaron los primeros años de existencia de la precoz pianista, hasta que la familia parte a Nueva York con el fin de buscar para el prodigio pianístico las enseñanzas de buenos profesores.
Venezuela honra a la pianista que desde pequeña estuvo decidida a ser grande, a convertirse en pianista excepcional. La familia Carreño viaja a los Estados Unidos en 1862, siendo entonces Teresa una niña de nueve años de edad. Allí en Nueva York, tras vencer la resistencia que el notable virtuoso Louis Moreau Gottschlak, tenía en contra los niños precoces, se logró que este virtuoso de piano la oyera. Gottschlak, más que un maestro fue un consejero. La oía de vez en cuando, le hacía indicaciones y la orientó a un estilo brillante, de transcendencia virtuosística y le recomendó las piezas de gran notoriedad de ejecutante. De la misma manera más tarde, recibió consejos más que lecciones del gran Anton Rubinstein, quien le indicó el camino de la música estricta. Cuando conoció en 1868, es este célebre pianista ruso, Teresa Carreño era una bella muchacha de quince años de edad, pocos años antes había logrado ser oída por el más notable virtuoso del siglo pasado, por Franz Liszt, quien le ofreció guiarla, siempre que se trasladara a Roma. Las circunstancias económicas lo impidieron. Pero la más decisiva influencia musical Teresa la recibe de su tercer esposo, Eugene Francis Charles d’Albert. Este pianista alemán de origen escocés y de nombres francés, gozaba de fama en su época, como sobresaliente intérprete de los clásicos, de Bach y Beethoven preferentemente, y de Liszt en el más alto virtuosismo. Ejerció influencia positiva sobre la Carreño. Puede decirse que en la carrera de gran pianista auténtica viene desde su encuentro con d’Albert, quien le impuso disciplina música y le fijó derroteros de grandezas.

Venezuela honra a la hija y madre ejemplar. Tuvo siempre problemas económicos. La responsabilidad del sostén de los suyos, de sus muchos hijos, a veces la angustiaba. Casó cuatro veces. El primer esposo, Emile Sauret violinista displicente, la abandonó antes que naciera su segundo hijo; luego se unió con Giovanni Tagliapietra, temperamental cantante, quien participó en las aventuras de la Carreño como cantante e incluso como empresario de ópera. El tercer marido fue el pianista d’Albert, a quien Teresa adoraba, de quien se divorció. D’Albert continuó su vida sentimental hasta completar seis matrimonios. La felicidad que anhelaba parece que Teresa Carreño la obtuvo en su cuarto matrimonio con Arturo Tagliapietra, hermano de su segundo esposo, quien le cerró los ojos en Nueva York, el 12 de junio de 1917.
Venezuela honra a la artista excelsa que paseó brillantemente el nombre de Venezuela por una y otra ciudad, por este y por aquel país. Que fue saludada con admiración por los más exigentes genios de la época, por Rossini, Gounod, Berlioz, Grieg o Brahms. Le rinde homenaje tardíamente, pero al fin la exalta y sitúa sus restos en el lugar de veneración que le corresponde entre los Grandes, porque ella fue un Grande de Venezuela.
* Crítico musical
** Compilamos el texto escrito por Eduardo Lira Espejo con motivo del acuerdo del Senado de la República de Venezuela, por medio del cual decide trasladar los restos de la artista venezolana al Panteón Nacional. El Nacional, 18 de octubre de 1977.

miércoles, 20 de julio de 2016

Teresa Carreño: su último concierto



DOCUMENTOS HISTÓRICOS*

Por Hubert Blanck



Es admirable ver una naturaleza como la de Teresita Carreño, que durante medio siglo de continuo batallar se presenta a los sesenta y cuatros años ante nuestro público desafiando con la ligereza y fuerza de una gladiadora el piano Steinway, que por momentos parecía tener que desaparecer bajo el dominio de sus manos.

La sonata apasionata de Beethoven fue modelado clásicamente. Nos presentó al autor de Bonn tal como es, tal como debe ejecutarse.

Todo el secreto para ejecutar bien a Beethoven, consiste en que el pianista sacrifique un poco sus habilidades pianísticas dedicando más atención a la parte musical sin exagerar los movimientos. Esa labor del verdadero concertista, y eso es lo que anoche hizo la artista venezolana. ¡Tocó Beethoven en alemán!

  

El Nocturno y el Preludio de Chopin, muy correcto. La polonesa de dicho compositor y los estudios sinfónicos de Schumann y el Sueño de amor de Liszt, tienen en la señora Carreño una intérprete perfecta y brillante. Como último número efectuó la Rapsodia núm. 6 de Liszt; y nadie como la Carreño ha sabido sacar partido de esta obra, que necesita seguridad del teclado, delicado mecanismo, soltura de antebrazo y muñeca y una gran resistencia, contando, de antemano, con la fuerza física para la dinámica.
 
Teresa Carreño es hoy más concertista que cuando estuvo aquí el año 1901. Entonces era la pianista impecable: hoy es pianista fogosa y de arranques geniales, condición indispensable para agradar a los grandes públicos.




*Este escrito fue publicado en el diario La Discusión, La Habana, miércoles 21 de marzo de 1917 en la sección "Algo de Música" por Hubert de Blanck. Es un documento histórico de gran trascedencia porque se genera en la última gira de conciertos de la artista a Cuba, en la cual dio su también último recital. Unos meses más tarde, falleció en Nueva York, el 12 de junio de 1917. El original puede ser consultado en el Centro Documental Teatro Teresa Carreño, Archivo Histórico Teresa Carreño.

lunes, 20 de junio de 2016

Teresa Carreño y la Primera Guerra Mundial





 Por Jesús Eloy Gutiérrez
La guerra en distintos escenarios estuvieron rondando la vida de la artista venezolana de todos los tiempos: ella y su familia se fueron de Venezuela en el marco de la Guerra Federal; llegaron a Estados Unidos en medio de la Guerra de Secesión norteamericana; finalizando la década de 1860 debió permanecer en Londres más tiempo del previsto con motivo de la guerra franco-prusiana y finalmente la Primera Guerra Mundial marcó significativamente los últimos años de su vida. En estas líneas abordaré justamente los pormenores de Teresa en tan importante acontecimiento de la historia Universal.
Para 1914, la auto adjudicación del mundo iniciado en el siglo XIX por las potencias coloniales europeas había terminado. Italia y Alemania quedaron fuera del botín. Desde finales del siglo XIX se había ensayado la política del equilibrio de poder entre las potencias, la conocida “paz armada”, pero los intereses económicos, los nacionalismos y las errátiles maniobras diplomáticas mantenían a Europa dividida en dos campos antagónicos.
El 28 de junio de 1914, con la declaración de la guerra de Austria a Servia se inició una contienda (“Gran Guerra” como se le llamó entonces) que se generalizó en toda Europa, y que luego, con la intervención de Inglaterra y Estados Unidos, se convirtió en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y en uno de los cincos conflictos más mortíferos de la historia humana.
Se ponía a prueba el poderío militar e industrial del momento. Alemania se había ubicado en el bando de La Tripe Alianza, que integraban además Austria-Hungría. En la acera del frente, estaba la Triple Entente, integrada por Francia, el Reino Unido y el imperio ruso. Se contabilizaron 70 millones de militares escenificando esta contienda con consecuencias desbastadoras para los distintos países en los que se desarrollaba.
Esta situación comprometió la actividad concertística y la vida de Teresa, quien se vio limitada para desplazarse por el continente europeo, incapacitada para movilizar sus recursos depositados en una cuenta bancaria alemana y por el aumento en los costos para llevar a cabo sus tours de conciertos. A ello se le sumaba las dificultades propias de cualquier guerra.
A pesar de ello la artista, al principio, conservaba un espíritu positivo en torno a su futuro inmediato, gracias a las ofertas de nuevas temporadas en Alemania, Escandinavia, Holanda y España, como se lo hace saber al empresario Cochran en una carta del 3 de julio de 1915. Incluso, insiste la artista, si las circunstancias no fueran favorables para que algunos de esos conciertos tuvieran lugar, considera que todavía tiene tantos compromisos, que aún así terminaría siendo una temporada provechosa. Y si esto fallase, contaba con sus alumnos para “hacer buenos ingresos”.
El Mundo Habanero, periódico de la capital cubana, unos años más tardes, refiriéndose a esta situación y a Teresa, la resume en estos términos: “Desde que estalló la guerra europea, se notó cierta tendencia a ‘boicotear’ mutuamente las grandes producciones artísticas de los países beligerantes. Como por encanto desaparecieron de los programas de Berlín obras de compositores franceses, rusos y polacos. Solamente Teresa Carreño se atrevió a romper con el estado de cosas y a ella, nada más, se lo toleraron”.
En este clima bélico, no es nada extraño que fuese considerada como espía. En muchas oportunidades durante sus giras se le detenía continuamente, era interrogada, examinada y después de haber llenado todos los requisitos exigidos la mayoría de las veces se le impedía seguir su camino.
En una ocasión en la neutral Escandinavia las autoridades la asechaban sin cesar y caían sobre ellas a toda hora del día y de la noche en demanda de pasaporte, certificado de matrimonio, cédulas y otros documentos; y después de largos y penosos interrogatorios, la integridad de los documentos presentados no era posible ser verificada y los oficiales, a regañadientes, se veían obligados a dejarla seguir su camino.
En la propia Alemania, los agentes de seguridad de las estaciones de ferrocarriles la trataban con determinación militar y la conducían a cuartos de vestir, donde la registraban de pie a cabeza, buscando secretos militares en sus ropas, deshacían su cabellera entre la que le buscaban informes propios de los espías.
Además, la guerra ha significado para la artista una gran pérdida en sus finanzas, pues tiene que dar una cantidad mayor de conciertos por menores honorarios. Pero también, se vio afectada en el tema emocional, ya que sus hijos van a estar sometidos a constantes humillaciones y experiencias desagradables. El caso más grave fue el Teresita, quien resultó prisionera en Argelia acusada de espía y que motivó todo un movimiento diplomático para su liberación. Finalmente se logró gracias a las gestiones de Arturo Tagliapietra, quien sin notificarle a Teresa el asunto, pues ella en ese preciso momento se encontraba convaleciente de salud, pudo gestionar con el Consulado Americano en Argelia para que la liberaran y la enviaran a Palma de Mallorca, y de allí a Barcelona.  Poco después le tocaría a su hijo Giovanni, quien es arrestado también como espía alemán.
En los años finales del conflicto bélico, sólo pudo visitar, además de sus conciertos en Alemania, algunos escasos países, Escandinavia, Austria, Hungría, Rumania, lo que es hoy la República Checa y España. En la península escandinava estuvo desde el 20 de agosto de 1915, realizando más de 40 conciertos en las ciudades más importantes, tales como Estocolmo, Upsala, Kristiana, Stavanger, Gotemburgo o Copenhagen, entre otras. Así estuvo hasta principios de diciembre de ese año. Se sabe por correspondencia entre el Arturo Tagliapietra y Cochran que para entonces Teresa adquirió un fuerte resfriado, sin embargo no tendría mucho tiempo para descansar, pues apenas hubiese retornado a Berlín, le esperaban unos conciertos en Múnich y Berlín. Así era la dinámica de la vida de la artista.
En cuanto al país ibérico, fue invitada de honor del Rey Alfonso XIII y de su madre María Cristina durante 1915, luego que había cumplido una serie de conciertos con la Sociedad Filarmónica de Madrid, presidida entonces por el Marqués del Castelar. Esta visita a la familia real española fue uno de los más significativos para ella en estos últimos años, como ella misma lo relató luego. Al año siguiente volvería para sus postreros conciertos en la capital española, presentándosele algunas contrariedades a causa de la guerra.
En esta ocasión, Teresa y su esposo Arturo, luego de las presentaciones, debieron permanecer tres meses más en Madrid por dos razones: su salud se vio afectada; y lo más grave: las autoridades militares francesas no les permitían regresar a Berlín, debido a las circunstancias bélicas. Una vez solventados estos inconvenientes, la artista ya tenía planificado lo que haría: permanecer en la capital alemana para la boda de su hija Eugenia; viajar a Estados Unidos y La Habana para una nueva temporada de conciertos. Añoraba aquellas regiones donde pudiera sentirse en completa libertad.
A sus sesenta y tres años de edad se sentía agotada, aunque con muchas fuerzas para seguir en su camino en el arte al cual había decido dedicar su vida. Solo que la Europa de entonces no era ahora el escenario propicio para ello. Como decía Cicerón: “Las leyes callan cuando las armas hablan”. Esto era justo sumarle una preocupación más a su agitada de vida por las constantes giras. Por lo pronto una nueva travesía la esperaba: el vapor Oscar II que la traería de regreso a Nueva York.
Fotografías e imágenes: 1) Primera Guerra Mundial: Revistaseptiembre.com. 2) De Teresa Carreño, Archivo Histórico Teresa Carreño/Centro Documental TTC.