martes, 18 de abril de 2017

Teresa Carreño y Caracas




DOCUMENTOS HISTÓRICOS
Por Israel Peña
Empecemos esta nota con una pregunta bien sencilla para los músicos venezolanos que conocen la historia de nuestra música: ¿A qué personaje pertenece el primer puesto como artista de la música en la historia del país? Y una inmensa mayoría –una mayoría consciente que sepa sumar méritos y honores– dirá un nombre quizás poco conocido de los venezolanos no interesados por el arte y la vida de Venezuela desde su nacimiento hasta hoy: el de Teresa Carreño.
Teresa Carreño, como hija y nieta de músicos, llevaba al nacer la música en sus venas. Pero esta disposición, esta facultad orgánica no quedó en un estado que pudiera llamarse natural o instintivo. Antes bien, se desarrolló en ella a conciencia, física y espiritualmente. Cierto es que el solo de un genio nato alentó en la niñez y en la adolescencia su conocimiento y sus progresos de artista. Pero de guiarse sólo por él, Teresa Carreño no hubiera llegado a conquistar el nombre y la gloria que le dio su arte en los más variados climas del mundo.
De esto podemos deducir que no hay arte basado en la naturaleza sin el concurso de sistemas y disciplinas que le permitan manifestarse en una forma artística, superada sobre sus orígenes.
El primer maestro de Teresa Carreño fue su propio padre, Manuel Antonio Carreño, hijo de músico y que pasaría hoy quizás por un brillante aficionado sino hubiera sabido inculcar certeramente, con un tino a todas las luces pedagógico, los principios que sirvieron de base al monumento que constituyó más tarde el arte pianístico que distingue (¿?) a la caraqueña de esa mayoría común de pianistas que luchan denodadamente por abrirse paso en el campo del concierto sin lograr más que una aceptable y mediana posición. Tanto entonces como ahora –y acaso más ahora que entonces– esa legión de ejecutantes medianos, de artistas insuficientes representa un porcentaje exasperante para expresarnos y para buenos públicos. Teresa Carreño supo descollar brillantemente desde sus comienzos, en un principio como niña prodigio en Caracas y luego como brillante alumna y precoz concertista en Estados Unidos y Europa ¿Y quiénes fueron sus maestros, luego de las lecciones que recibió en Caracas de su padre y el profesor Hohenus? Pues nada menos que Luis Moreau Gottschalk y Antonio Rubinstein. El primero era un ejecutante a los Liszt, deslumbrador y romántico. El segundo un gigante del teclado que supo resistir airosamente entre los mejores públicos de Europa el recuerdo del genial himno (¿?). Pero Teresa Carreño no adoptó en verdad la manera y el espíritu del uno o del otro, sino que aprendió a ser ella misma a través de su magisterio. Bien cierta es la anécdota que narra en su magnífica biografía de la excelsa venezolana la escritora Marta Milinoswski. El hecho ocurrió en Londres el año 1868, contando Teresita sólo trece años, cautivado por el talento arrollador de la muchacha, Rubinstein se declara espontáneamente su guía y le da maravillosos consejos. Pero llega un momento de discrepancia entre ellos en plena lección. Ambos están furiosos. “Esto es así”, declara con energía el maestro. “Esto no es así”, responde con entereza la alumna. “Yo soy Rubinstein”, dice altivamente aquel. “Y yo soy Carreño”, contesta Teresa con orgullo. Entonces se miran al fondo de los ojos y su cólera se disipa al instante. Se ha reconocido de veras: son dos iguales, dos genios del teclado que pueden contemplarse frente a frente sin pestañear.
Hasta aquella Teresa Carreño. La música y la vida se encargarán desde entonces de enseñarle mucho más. Y las personalidades que se cruzan en su camino se intercambiarán con ella potencias y cualidades: el gran pianista y director alemán Hans de Bulow… y Eugene d’Albert, otro notable pianista con quien llega a casarse y tener dos hijas, divorciándose luego de las más enconadas divergencias vitales. También pueden contarse entre sus amigos más directos Johannes Brahms, quien no la considera una pianista sino un pianista, y Grieg, que al oírle tocar una vez hoy su célebre “Concierto en La menor” le dijo maravillado: “Señora, ¡no sabía que mi concierto era tan hermoso!”. Agregaremos a esto la frase de Clara Wieck, la gran pianista y compositora viuda de Roberto Schumann, al oírla una vez en Leipzig; “Gracias a Dios que antes de morirme he podido escuchar a Liszt hembra”.
No obstante esta gran vida, esa gloria presente en el recuerdo de los grandes centros de concierto de Europa y Norte América, Teresa Carreño es hasta ahora oficialmente sólo un nombre más en los anales venezolanos. Sus cenizas, traídas a Venezuela en 1938, -veinte años después del deceso de la artista en Estados Unidos- yacen en el Cementerio General del Sur, entre la comunidad general de nuestros muertos. Cuando en 1953 se cumplió el centenario de su nacimiento un grupo de damas venezolanas sugirió al Gobierno Nacional el traslado de esas cenizas al Panteón, lugar más digno de su talla de gran venezolana. Pero nada se hizo para realizar esta insinuación. ¿Por qué en este año cuatricentenario no figura entre los actos del actual Gobierno hacerse eco en forma efectiva de este noble deseo?


Caracas, domingo 18 de marzo de 1967

El arte y el Tiempo por Israel Peña

Título original "Teresa Carreño y el Cuatricentenario de Caracas"

domingo, 12 de marzo de 2017

Tertulia con Mariana Inés Gil



Por Jesús Alcívar*
ENTREVISTA

Hola querida Mariana, ¿Cómo estás?
Muy bien Jesús, gracias a Dios. ¿Y tú?

Bien, bien. Comencemos con nuestra tertulia.
Claro!

¿Qué es la actuación para ti?

La vida. La actuación es para mí la vida porque nunca he pensado en el sentido estricto  que algo "se actúa" o se representa, sino que se presenta,  se vive, se siente. 

La vida conjuga una totalidad tan diversa; experiencias que llamamos buenas y otras no tanto, sentimientos y emociones, en fin. En esa vida nos movemos en algo que determinamos como  tiempo y espacio y allí nos conectamos con otros, "somos otros", siendo nosotros mismos a la vez, debido a que maravillosamente cohabitamos en todo lo que expresa la humanidad: alegría, tristeza, conciencia, rabia, nobleza, reflexión, fé, y la aprehensión de eso que nombramos como  realidad. Así es la vida.

La vida es cambio. y todos, absolutamente todos continuamente mutamos... cambiamos. Nos movemos física, psíquica, y emocionalmente. Siempre estamos adaptándonos, mimetizándonos. Nos movemos, hacemos "algo", vamos o regresamos. Actuamos! En esencia, la vida es un sentir, un latido constante, una esencia, y los seres humanos tomamos del exterior (personas, hechos, lugares) y también hurgamos en lo interno y vamos dibujando con matices y pinceladas que llevan tonos diversos los cuadros de la galería del tránsito llamado existencia. 

La actuación para mí es la vida misma. Por cierto, algunas personas dicen: "es que los actores, en particular,  se convierten" Pero yo pienso que todos nos convertimos. Todos somos actores, personas que ejecutamos. Lo que creo es que si nos proponemos  abrir un poquito los ojos del alma y nos abstraemos de lo superfluo, agarramos de otros esas características (hasta formas de hablar) que creemos que no son nuestras. Y digo creemos porque en el ser humano habita todo. Algo que suena aparentemente ajeno, no lo es.

Que bendición y cuanto potencial tiene el hombre. Basta probar y lanzarse con mucha fe, para despertar el espíritu que Dios (la fuerza suprema) nos dio como regalo y entonces, como dicen muchos, actuar... conectarnos… vivir.

Wow, tu respuesta acaba de “abrir” mi concepción de la actuación. ¿Cómo y cuándo comenzaste a actuar?
¿Cómo comencé? Bueno, jugaba con hormigas en el patio de mi casa cuando empecé a actuar. Ese es el momento cuando mi memoria registra que comencé a vivir. Luego me la pasaba con muñecas, inventando historias o sintiendo y observando lo que le pasaba a la gente, y entonces,  agarraba eso para mí y lo vivía por medio de mis muñecas.
A mí me encantaba ver todo, leer cuentos y escribir, aunque no tenía muchos porque vengo de una modesta familia y muy particular, pero mis hermanas mayores me dejaban de herencia los suyos.  
En este punto (en esta pregunta) quiero hablar de mi padre Rafael Simón Gil, quien era un hombre inmensamente particular, con muchas aristas. Y lo refiero porque el  que me conoce desde la infancia (como mi mejor amiga Laura Costanzo) siempre comenta: "amiga, querida, tu padre era un actor y heredaste eso". Lo menciono porque se fue de este plano hace muy poco pero me dejó mucho.  Y la gente  dice eso. Ta vez, el cómo viene por allí y tantas vivencias generacionales. 
Por su parte, mi mamá me dice siempre que pese a mi timidez andaba metida en los actos culturales del colegio. Yo recuerdo que en 4to y 5to grado hice una obra en la cual yo era un zorrilo hediondo que otros animales no querían (claro, por el olor), pero luego el amor, la nobleza, y la unión prevalecieron. Se llamaba PIMPI. Qué cómico! Después en bachillerato en el Colegio Padre Seijas, y así seguí…
Pero lo que la gente llama “formalmente”... eso fue en la Escuela Superior de Artes Escénicas Juana Sujo, de la mano de un profesor ruso llamado Pavel Rochupskin, pero previamente había iniciado en un taller muy largo con un maestro llamado Noel Cruzen de la Casa del Artista, que por cierto, yo ni tenía dinero para hacerlo, pero el me dijo: no le digas a nadie pero yo te beco. Sigue viniendo como sea y así fue.

Después por casualidades llegó Venevisión con Héctor Manrique (era un taller gratis) y menos mal porque tampoco tenía ni un centavo en ese momento. A veces, hasta me mareaba del hambre en las clases, pero cuando oras todo pasa y además tenía unos compañeros maravillosos. Y bueno, estoy agradecida porque han pasado muchas cosas en el devenir de la vida, pero si te soy franca recuerdo haber iniciado con las hormigas en el patio de mi casa.

¿Cuál ha sido tu representación favorita?
Mi madre santa! Es un poco difícil contestar esta pregunta. Hoy te digo que “Teresa Carreño, La Pasión”. Es como un hijo porque la escribí y en ese momento había nacido mi grupo HAGEO TEATRO (Hageo que es el nombre de un profeta y un libro de la Biblia).
Pero, bueno Jesús, puedo comentarte que me gustó mucho Marlene en la obra “Rosa de Dos Aromas”. Era una peluquera y con Marlene yo sentía que me estaba montando en un globo aerostático de colores donde cada nube sacaba de lo más hondo de mí, una inmensa carcajada. Las obras rusas: todas las de Chejov. Me encantaba “Srta Julie” de August Strindberg (fue en la Juana Sujo). Es que todos los personajes me gustan y todas las obras también. Me encantan porque los personajes son como los seres humanos y las obras como la vida misma.

¿Solo Teatro?
No, no solo teatro. También cine, aunque formalmente he hecho poco. Un par de cortos y un personaje en la película Zamora de Chalbaud. Pero lo que la gente no sabe es que he hecho tanto pero tanto cine, porque para mí todo es como una pel'icula: desde un café compartido, salir… compartir… lo que te pasa en la calle… en fin, cada vivencia es una historia.

Estudié Comunicación Social en la UCV y estoy en ejercicio. Soy locutora, he trabajado dando clases de teatro para niños. Adoro a los niños y ancianos. Y.... Bueno, me encanta escribir. La verdad, yo hago de todo un poco. Siempre hay que estar listo para todo (Las cosas buenas).

Claro Mariana, las cosas buenas, y las no tan buenas también, aquellas un poco más difíciles de sobrellevar. ¿Qué es lo más difícil de la actuación?
Ay, Dios! Esta pregunta es otra bien difícil. La vida no es simple. Pero si me pides que sea puntual, pienso en el escenario. El momento más difícil es antes de salir a escena y cuando se termina la pieza. Como nacer y morir. Es una sensación rara y la gente que ha trabajado conmigo lo sabe. En especial mi amigo Níger Pereira quien desde hace siglos me acompañaba. Voy muchas veces al baño a orinar, mi sudoración aumenta, siento que mis poros se dilatan y sube mi temperatura. Un nudo como de una gran soga se me posa en la garganta, y rezo mucho para tratar de controlar los esfínteres. Y luego, al final, es igual de difícil porque sudo mucho más que al principio, y te confieso que me provoca tomarme un buen vaso de jugo de fresa al rato.  Los finales de las obras son lo más difícil porque quedo como vulnerable, me siento como desnuda  y cuando estás de esa forma solo quieres estar sola, solo.
Me provoca correr lejos e irme y no recibir ni aplausos, pero soy cortés y siempre saludo a quienes se quedan o atiendo cualquier solicitud que se me haga (así me enseñaron en casa)  pero confieso que solamente me provoca estar sola o que alguien muy, muy cercano me abrace. Me queda un inmenso cansancio y un gran vacío interno. Como si todos mis poros son ojos abiertos que han parpadeado mucho. A las dos horas me da un hambre tan atroz como si hubiese subido el  cerro “El Avila” un par de veces y quedo "agotada".  Después, me da mucho sueño y a dormir. 

¿Cómo ves el movimiento teatral venezolano?
Raro. Como un cuadro surrealista. Como un paisaje que no logro descifrar. A veces lo veo como el país en la actualidad. A veces, siento frustración…


Teresa Carreño... ¿Por qué?
Por muchas cosas. Todo lo que vivió. Por ser una mujer que en su época rompió esquemas. Por Venezuela. Por esa estructura que lleva su nombre donde ha trabajado y trabaja tanta gente valiosa. Porque cuando me fui a Caracas (soy de Valencia) no me gustaba estar encerrada en una residencia, en una habitación fría y sin arraigo. Entonces me iba a estudiar en los espacios del Teatro Teresa Carreño o ensayaba allí, apenas con una galleta de soda, agua y el ticket de metro y me causaba ruido el gran desconocimiento que sobre esa vida tan apasionante, existía. Por eso y para eso Teresa Carreño...

*Clarinestista de la Sinfónica Teresa Carreño, además de director artístico y clarinestita del Ensamble Raudal, grupo de música instrumental venezolana que fundó en 2004. También es integrante del Cuarteto de Clarinetes REUM de Venezuela y es investigador sobre el rol del clarinete en la historia de la música venezolana.
Fotografías: Milangela Galea y Luis Corona 2016, correspondiente al último montaje de la obra "Teresa Carreño, la pasión" en el marco de homenaje "In memoriam", realziado en la Sala José Félix Rbas, Teatro Teresa Carreño, 30 de noviembre y 1° de diciembre de 2016. Una coproducción del Centro Documental del Teatro Teresa Carreño, Épica Producciones y Toclick.