viernes, 22 de abril de 2016

Teresa Carreño y la ópera en Venezuela

Por Jesús Eloy Gutiérrez




Definitivamente el mundo del canto no era lo de Teresa, a pesar de su exitosa participación en diversas óperas una década atrás. Esto prueba lo que vamos a relatar en seguidas, referente a la temporada de ópera organizada por la artista y que complementa la paradoja del periplo de Teresa Carreño en Venezuela. 
En su concierto de despedida a los caraqueños realizó un dúo con su marido Tagliapietra cantando Il trovador de Verdi y que la prensa lo reseñó como “raudales de aplausos prodigados por nuestro público a Teresita en el dúo del Trovatore”. Ese mismo programa, igualmente con la participación de la artista, en el tercer concierto ofrecido en el Teatro Baralt de Maracaibo.
Su último acercamiento al canto antes de la temporada de ópera en Caracas, pero esta vez desde la composición, lo encontramos en la preparación de su Himno a Guzmán Blanco, que sería cantado por su marido Tagliapietra, una orquesta y un grupo coral. Obra que según los entendidos de la época demostraban “las cualidades inherentes a la altitud de los talentos de la grande artista”.
La temporada organizada por Teresa recibió un aporte económico del congreso nacional. Teresita organizó el evento con cuarenta y ocho artistas contratados entre Nueva York y Milán. En cuanto a las figuras principales de la compañía se registraron figuras como: Madame Adela Aimery de Histar (soprano), Madame Linda Brambille (soprano ligera), Prompolini (contralto), Giovanni Tagliapietra y Noto (barítonos), Guardente, Passetti y Guarra (tenores), Ricci y Bologna (bajos) y la primera bailarina María Bonafante. El 28 de febrero de 1887 la artista le notifica a Guzmán Blanco que desde el lunes anterior tiene la compañía de ópera italiana completa en Caracas y que la misma está a su entera disposición.
Unos días más tarde, se inauguraba oficialmente el 5 de marzo de 1887 con Un ballo in maschera. El vestuario fue traído especialmente de Europa junto con otros accesorios de los Estados Unidos. La primera y la segunda presentación fueron de gran éxito, pero las siguientes fueron un fracaso por diversos factores.
Por una parte, el general Guzmán Blanco, quien había tomado posesión el 15 de septiembre de año anterior, en un ambiente de mejoría de la actividad económica y de aumento del valor de los títulos de la deuda pública con relación al gobierno de Joaquín Crespo, era muy cuestionado. Los sectores opuestos al mandatario se valieron de varios contratiempos de la compañía de ópera patrocinada por el gobierno para arreciar la oposición al general y aprovechaban cualquier ocasión para enfrentarlo o ridiculizarlo.
 Además la mala impresión causada en el público caraqueño por el esposo de Teresita, motivado a su empeño en ser el “barítono absoluto” de la compañía, así como el hecho de que ella, siendo una bella mujer, que además de divorciada y vuelta a casar, era artista, fueron factores que se conjugaron para llevar a la temporada de ópera a un rotundo fracaso. En esa época en Caracas, las mujeres, sobre todo las casadas, no trabajaban por dinero, excepto las de clase humilde, que se dedicaban al servicio doméstico. No se permitían maestras de escuela casadas porque, al estar bajo la potestad del marido, legalmente no podían responder por faltas en su trabajo.
El periplo final de Teresita en Venezuela comenzó una vez que el mandatario le asignó la tarea de organizar la temporada para el teatro que llevaba su nombre. Primero que la Aduana de La Guaira autorizara la entrada de los materiales para las óperas sin pagar impuestos como se lo habían prometido antes de su partida; luego las diversas solicitudes de recursos para el pago de los artistas que no llegaban a tiempo; posteriormente el hecho de que la propia artista tuviera que suplir al director de orquesta Fernando Rachelle y a su sustituto para no suspender las funciones de La favorita y La sonámbula; seguida del cambio en el programa por la enfermedad de la soprano ligera Linda Brambille, y finalmente el juicio seguido en el Tribunal de Primera Instancia por la demanda interpuesta por una artista.
Toda esta situación produjo en Teresa un cansancio enorme y la colocó en una situación bastante angustiosa, al punto de poner en duda, según sus propias palabras, su único “capital”, que era su nombre, su prestigio, el cual “se han propuesto arruinar” acá en Caracas. 
 Son las mismas razones por las que, el 29 de marzo, en una nueva carta a Guzmán Blanco, luego de solicitarle cinco mil pesos que le debían de su contrato, con los cuales debía pagar a los artistas, pues la taquilla no había cubierto los gastos, le expone al mandatario: "Yo me he encontrado aquí con una enemistad en varias personas, tan grande como incomprensible, que, a pesar del mérito incontestable de la compañía (mérito que el público que ha asistido a las óperas como también los periódicos serios y aficionados, han reconocido unánimemente) están trabajando día y noche para hacerme romper la compañía y quedar mal ante el público y los artistas que he traído. Yo no sé a qué atribuir esta guerra que se me hace pues no sé en qué manera merezca yo esto como también los insultos personales que se me hacen por la prensa a cada paso.
Con la llegada de la Semana Santa la escasez del público en el teatro se hizo más evidente. La campaña de descrédito hacia la temporada empezó a dar sus frutos,  pues todo comenzó a marchar mal. Se iniciaron las pitas de auditorio, lo que tuvo que apaciguar Teresa tocando algunas piezas en los intermedios, demostrando que ella no se amilanaba ante las dificultades. Tagliapietra recibió cartas anónimas en las que se le anunciaba un recibimiento agresivo si cantaba en Rigoletto.
La temporada tuvo que ser suspendida a finales de abril después de haber llevado a escena, además de las óperas ya mencionadas, Lucía de Lammermoor, El trovador, Fausto, La traviata, Aída y Norma. Una temporada nada despreciable para la Caracas decimonónica.
Teresita, no obstante, no podía irse todavía del país, a pesar de los ofrecimientos de contratos en Europa y Estados Unidos, porque una decisión del Tribunal de Comercio del Distrito Federal (que llevaba el caso del piano Weber) se lo impedía, ya que la soprano española Aimery de Histar la había demandado por incumplimiento de pagos de la Empresa Teresa Carreño.
En ese contexto la artista recibió el apoyo de Guzmán Blanco, quien le dio dinero para el viaje e interpuso sus buenos oficios ante el juez que conocía la causa. Finalmente, luego de vender al gobierno los trajes, decorados y demás accesorios de la compañía, Teresa partió para Nueva York el 23 de agosto de 1887.


miércoles, 23 de marzo de 2016

La hija del Sol: periplo de Teresa Carreño en Venezuela



Por Jesús Eloy Gutiérrez

Doce días antes habían arribado al Puerto de La Guaira en el vapor “Philadelphia” Giovanni Tagliapietra y Manuel Antonio Carreño, esposo y hermano de la artista. Tenían nada menos que la loable tarea de preparar el terreno para la llegada de la artista a su ciudad natal, luego de más de dos décadas de ausencia. La venida de Teresa estaba prevista para el día 15 de octubre de 1885.

Al parecer los emisarios cumplieron con las tareas encomendadas, entre ellas publicitar la imagen de la caraqueña entre los venezolanos, a sabiendas que es muy poco lo que sus connacionales conocían de su carrera en el exterior y por la trascendencia que tenía tal viaje para Teresa. La imagen que se transmite en la prensa de la artista es una imagen de grandeza, digna de admiración por parte de sus compatriotas.

 
La Opinión Nacional, órgano oficial de guzmancismo, fue uno de los primeros en transcribir algunas notas biográficas de la artista y lo hace en estos términos: “Teresita Carreño es hoy la esposa de Tagliapietra, el bien conocido barítono. Teresita es también cantatriz; ha cantado en la ópera italiana con la Tierjens en Londres y también en Nueva York, donde tuvo un gran éxito en el papel de Zerlina en Don Giovanni”.

Otro diario que se hace eco de materiales alusivos a la artista es El Siglo, que publica un artículo traducido del Chicago Music and Drama, donde el escritor se refiere a Teresa Carreño como la “hija del Sol”. Se lee, entre otras cosas: “Qué clase de pianista es Teresa Carreño, me preguntáis? O contesto: es una de las más grandes artistas de la época. No enteramente madura todavía…Su ejecución es grandiosa; su dedeo el más poderoso que he visto en un mujer. Su pianísimo precioso; su acento firme, su cantabile el de una artista de nacimiento”. Por eso: “sólo puedo decir que prefiero oírla a cualquier otro pianista de los que conozco”.

Por su parte el Diario Aviso, unos días antes del retorno la anunciaba así: “nuestra eminente compatriota, la renombrada artista Teresa Carreño, quien después de una larguísima ausencia, tornará al seno de su amada patria en el vapor Caracas que hará arribo a mediados del mes en curso”.

La propia artista un día después de su llegada publicaba una emotiva carta en la prensa de la capital y entre otras cosas saludaba “a la ilustrada prensa de Caracas, a la Junta de recepción, a los miembros del Club Bolívar y demás personas de quienes he recibido inequívocas muestras de estimación; y muy especialmente del Presidente de la República Benemérito general Joaquín Crespo”.

Pero no sólo de lo ocurrido en Caracas se registraron crónicas periodísticas. Como sabemos, Teresita luego de sus dos primeros conciertos en la capital, ofreció conciertos en La Guaira, Puerto Cabello, Valencia, Ciudad Bolívar, Trinidad y Curazao. El mismo periódico La Opinión Nacional, al referirse a esta gira unos días antes dice: “Auguramos a la célebre Teresa Carreño en la ciudades que en breve visitará, los mismos triunfos que con merecida justicia ha conquistado de los caraqueños”.
En la revista  valenciana La Primera Piedra se lee que se rindió un homenaje de respeto y admiración a la célebre Teresita Carreño. Con ese talante y esa finura que tanto la distinguen, nos recibió la simpática reina del teclado”. Una buena prensa acompañó a la venezolana universal en estos primeros meses en su ciudad natal.

lunes, 25 de enero de 2016

Después de 23 años de ausencia: Teresa Carreño en Venezuela.

Por Jesús Eloy Gutiérrez
Una paradoja representó la visita de la hija de Manuel Antonio Carreño a Venezuela, ocurrida entre 1885 y 1887, luego de 23 años de ausencia. Teresa Carreño Tagliapietra, como firmaba entonces por su matrimonio con Giovanni Tagliapietra, además de ser recibida como una reina y convertirse en motivo de inspiración poética para varios escritores o aficionados de la época, también fue objeto de feroces “ataques públicos” en la prensa, en la calle y en el escenario. ¡Qué paradoja!

A su arribo al país, a mediados de octubre de 1885, en los últimos días del primer gobierno del general Joaquín Crespo (1841-1898), fue homenajeada de diversas maneras. En La Guaira fue agasajada por los empleados públicos y la juventud. En Caracas, además del acto de recepción con discursos y declamación de poesía, realizado en la estación del ferrocarril de Caño Amarillo, se le otorgó la condecoración “Busto a Bolívar”, la prensa capitalina le obsequió una medalla y un grupo de damas de La Trinidad un collar con un medallón de oro y brillantes.

Pero, tal vez, el obsequio de mayor trascendencia fueron los poemas dedicados en su honor y  publicados en diversos periódicos. Se conocen 13, firmados por distintas personas y titulados así: “Gloria a la patria” (Juan C. Alvarado), “Admiración” (Pimentel Coronel), “Un brindis” (Manuel Fombona Palacios), “A la eminente artista venezolana Teresa Carreño” (Cellis R. Gallegos), “A la Señora Teresa Carreño” (Pablo A. Vilchez), “Ángel y Mujer” (I. Vásquez), “A la célebre artista venezolana Teresa Carreño Tagliapietra” (A. Ramírez), “A la célebre artista Teresa Carreño Tagliapietra” (Sisoes Finoli), “Teresita Carreño” (J.C. Villasmil), “Soneto (J. M. Portillo), “El genio” (A. Bracho), “A la célebre artista señora Teresa Carreño” (María Soledad González de Reguillo) y “Saludo a la artista venezolana Teresita Carreño” (Alirio Días Guerra). ¡Qué mejor manera de homenajear a Teresita que con este caudal poético! Sabiendo que ella era una gran amante de este género. Los títulos de esta lírica nos hablan por si solos de las temáticas que dominó en la misma.

La profusión poética se combinó con los elogios, las entusiastas críticas y los pedidos de nuevos conciertos que se suscitaron luego de su primera presentación en el Teatro Guzmán Blanco (hoy Teatro Municipal de Caracas Alfredo Sadel), doce días después de su llegada. Aunque la música preferida de aquel tiempo era principalmente la de salón, Caracas la escuchó en tres ocasiones más, que sumadas a sus conciertos en el interior del país e islas del Caribe, completan la primera etapa de la visita a Venezuela. Etapa de conciertos exitosos, homenajes, reconocimientos, gloria, aplausos y poesía.
La otra cara de la moneda y segunda etapa de la visita, la conforman su experiencia como empresaria operística en Venezuela. Se caracteriza por el descrédito, una demanda judicial, los ataques públicos y la falta de recursos económicos, entre otros.
Luego de su gira, Teresa se disponía dejar el país, pero el Consejo Federal había elegido nuevamente como Presidente a su primo el general Antonio Guzmán Blanco (1829-1899). Pospuso su regreso a Estados Unidos y formó “parte en el regocijo de toda la república” por el retorno del Ilustre Americano.
En breve tiempo compuso el Himno a Guzmán Blanco, que sería cantado por su esposo, una orquesta y un coro. La crónica periodística de entonces consideró esta obra como: “digna de su autora” y poseedora de “las cualidades inherentes a la actitud de los talentos de la grande artista”.

En ese concierto que ofreció para homenajear al mandatario éste le encargo la organización de una temporada de ópera para el año siguiente. El de marzo de 1887 con Un ballo in maschera se inauguró una ambiciosa temporada de la compañía conformada por los esposos Carreño-Tagliapietra, con integrantes localizados entre Estados Unidos e Italia.
Venezuela vivía entonces un momento de gran tensión política, que no se calmaba siquiera con los programas modernizadores del general. La oposición era fuerte y encontró en las fallas del programa de la compañía de ópera una buena excusa para ridiculizar al gobierno.

En una carta que la propia Teresa Carreño dirige el 29 de marzo de 1887 al Presidente Guzmán Blanco se aprecia el tono que adquirió tal situación: “Yo me he encontrado aquí con una enemistad en varias personas, tan grande como incomprensible, que a pesar del mérito incontestable de la compañía (mérito que el público que ha asistido a las óperas como también los periódicos serios y aficionados han reconocido unánimemente) están trabajando día y noche para hacerse romper la compañía y quedar mal ante el público y los artistas que he traído. Yo no sé a que atribuir esta guerra que se me hace pues no sé en qué manera merezca esto como también los insultos personales que se me hacen por la prensa a cada paso”.

Esto lo manifestaba Teresa a casi un mes de haberse inaugurado la temporada de ópera, cuando la crisis era evidente: escasez de público en el Teatro por la Semana Santa, campaña de descrédito hacia la temporada, pitas en el auditorio (lo que apaciguó Teresa tocando algunas piezas de piano en los intermedios), cartas anónimas dirigidas al barítono Tagliapietra y al director de orquesta, Fernando Rachelle.

La propia Teresa dirigió la orquesta en las óperas La favorita y La sonámbula, convirtiendo en la primera mujer en dirigir una orquesta en el país. Por si fuera poco lo anterior, la soprano ligera Linda Brambille anunció que se encontraba enferma y por lo tanto imposibilitada para cantar. La sumatoria de todos estos inconvenientes dio como resultado la suspensión definitiva de la temporada a finales de abril de 1887.

No culminaba acá el calvario de Teresa en su ciudad natal. No podía irse del país, a pesar de los ofrecimientos de conciertos en Europa y Estados Unidos. Una decisión del Tribunal de Comercio del Distrito Federal (que llevaba el caso del piano Weber que había traído el año anterior se lo impedía, ya que la soprano española Aimery de Histar la había demandado por incumplimiento de pagos de la Compañía de Ópera Italiana-Empresa Teresa Carreño. Esta situación no se resolvió hasta que Teresa Carreño recibió el apoyo de Guzmán Blanco, quien le proporcionó el dinero necesario para su viaje a Nueva York e interpuso sus buenos oficios ante el juez que conocía la causa.

La afamada artista, de esa ciudad estadounidense saldría para Alemania, lugar en el cual perfeccionó su arte y logró su consagración definitiva como artista de fama mundial, siendo conocida desde entonces como La Walkiria del piano.